ha despejado la neblina romántica de mi cabeza y, de manera milagrosa, me ha concedido la oportunidad
de tener una vía de escape fácil. Puedo mandarla de vuelta a Estados Unidos para que pueda continuar
con su vida.
Conmigo no le espera nada más que soledad y oscuridad. Yo obtendría todo lo que quisiera de ella, su
amor constante y su afecto durante años y años, pero ella estaría cada vez más frustrada conforme fuese
pasando el tiempo, y cada vez estaría más resentida conmigo por privarla de lo que realmente quería. Lo
mejor es que corte por lo sano y no le haga perder más el tiempo.
Cuando llego a Gabriel’s, me apresuro a sacar la bolsa de Tessa de mi coche de alquiler, la lanzo al
asiento trasero del BMW de Vance y me dirijo de vuelta al hotel de Kimberly. Necesito un plan, un plan
sólido de cojones al que ceñirme. Tessa es demasiado testaruda y está demasiado enamorada como para
renunciar a mí.
Ése es su problema, es de esa clase de personas que lo dan todo sin pedir nada a cambio, y la puta
verdad es que esas personas son las presas más fáciles para alguien como yo, que toman y toman hasta
que al otro ya no le queda nada más que dar. Eso es lo que he hecho desde el principio, y eso es lo que
haré toda la vida.
Ella intentará convencerme de lo contrario; sé que lo hará. Dirá que el matrimonio ya no le importa,
pero se estaría engañando a sí misma sólo para seguir conmigo. Eso dice mucho sobre mí, que la he
manipulado para que me ame de ese modo tan incondicional. El masoquista que habita en mi interior
empieza a dudar de su amor por mí mientras conduzco.
«¿Me quiere tanto como dice, o sólo es adicta a mí?» Hay una gran diferencia, y cuanta más mierda
me aguanta, más grande parece ser la adicción, la emoción de esperar a que vuelva a cagarla de nuevo
para que ella pueda estar ahí una vez más para repararme.
Eso es: Tessa debe de verme como una especie de proyecto, como alguien que puede arreglar. Ya
hemos hablado de esto, más de una vez, pero ella se negaba a admitirlo.
Busco en mis recuerdos un encuentro concreto y por fin doy con él, flotando en alguna parte de mi
cerebro confuso y resacoso.
Fue justo después de que mi madre se marchara para regresar a Londres después de Navidad. Tessa
me miró con una expresión de preocupación.
—Hardin.
—¿Qué? —pregunté yo con un bolígrafo entre los dientes.
—¿Me ayudas a desmontar el árbol cuando termines de trabajar?
La verdad es que no estaba trabajando; estaba escribiendo, pero ella no lo sabía. Habíamos tenido un
día largo e interesante. Yo la había pillado volviendo de comer con el puto Trevor de los cojones, y luego
la había tumbado boca abajo encima de su mesa de trabajo y me la había follado hasta dejarla sin sentido.