—Sé que es absurdo preocuparse por los hijos a mi edad, pero he querido ser madre desde que tenía
uso de razón. No sé si es porque mi madre y mi padre no fueron los mejores padres del mundo, pero
siempre he tenido la necesidad de ser madre. Aunque no quiero ser una madre cualquiera, sino una buena
madre. Una madre que ame a sus hijos incondicionalmente. Jamás los juzgaría ni los menospreciaría.
Jamás los presionaría ni los humillaría. Jamás intentaría convertirlos en una versión mejorada de mí
misma.
Al empezar a hablar de esto tenía la sensación de que parecía que estaba loca. No obstante, Kimberly
asiente a todo lo que estoy diciendo, de modo que tal vez no sea la única que se siente de esta forma.
—Creo que sería una buena madre si tuviera la oportunidad, y la idea de ver a una pequeña de ojos
grises y pelo castaño corriendo a los brazos de Hardin me enternece el corazón. A veces me lo imagino.
Sé que es absurdo, pero a veces me los imagino ahí sentados, los dos con el pelo rizado y rebelde. —Me
río ante la disparatada imagen, una que he visionado en muchas más ocasiones de lo que se consideraría
normal—. Él le leería y la llevaría sobre los hombros, y ella sería la niña de sus ojos.
Fuerzo una sonrisa e intento borrar la dulce imagen de mi mente.
—Pero él no quiere eso, y ahora que se ha enterado de que Christian es su padre, sé que jamás lo
querrá.
Mientras me coloco el pelo detrás de las orejas, me siento bastante orgullosa y sorprendida de haber
exteriorizado todo esto sin derramar ni una sola lágrima.

CAPÍTULO 10
Hardin
«Desearía que te quedaras conmigo para siempre», ha dicho Tessa contra mi pecho. Es justo lo que
quería oír. Es lo que necesito oír, siempre.
Pero ¿por qué iba a querer pasar toda una vida conmigo? Y ¿cómo sería esa vida? Tessa y yo con
cuarenta años, sin hijos, sin estar casados…, ¿solos los dos?
Para mí sería perfecto. Sería un futuro absolutamente ideal, pero sé que a ella eso nunca le bastará.
Hemos tenido la misma discusión un millón de veces, y ella cedería la primera, porque yo no cederé
jamás. Ser un capullo significa ser el más cabezota. Y Tessa renunciaría a tener hijos y a casarse por mí.
«Además, ¿qué clase de padre sería yo?» Un padre de mierda, no me cabe duda. Ni siquiera puedo
preguntármelo sin echarme a reír, me resulta ridículo hasta planteármelo. Por muy horrible que haya
resultado este viaje, ha habido un inmenso toque de atención para mí en lo que respecta a mi relación con
Tessa. Siempre he intentado advertirla, he intentado evitar que se hundiera conmigo, pero no con el
suficiente empeño. Para ser sincero, sé que podría haberme esforzado más en mantenerla a salvo de mí,
pero mi egoísmo me lo impedía. Ahora, al ver cómo será su vida conmigo, no tengo elección. Este viaje