no quiero soltarla ni para apagar la calefacción.
—¿En qué piensas? —pregunto por fin.
Su cabeza descansa sobre mi pecho, y su respiración es lenta y regular. No abre los ojos cuando
responde:
—En que desearía que te quedaras conmigo para siempre.
Para siempre. ¿Acaso he querido alguna vez otra cosa con ella?
—Yo también —observo, y ojalá pudiera prometerle el futuro que merece.
Al cabo de unos minutos de silencio más, el móvil de Tessa empieza a vibrar en el suelo. Me agacho a
recogerlo como por acto reflejo y elevo su cuerpo con el mío.
—Es Kimberly —digo, y le paso el teléfono.
Dos horas después, estamos llamando a la puerta de la habitación de hotel de Kimberly. Estoy casi
convencido de que estamos en la habitación equivocada cuando, por fin, abre. Tiene los ojos hinchados y
no lleva nada de maquillaje. Me gusta más así, pero parece destrozada, como si hubiese estado llorando
todas sus lágrimas y las de alguien más.
—Pasad. Ha sido una mañana muy larga —dice, y su descaro de costumbre ha desaparecido por
completo.
Tessa la abraza al instante. Rodea la cintura de su amiga con los brazos, y Kimberly empieza a
sollozar. Me siento tremendamente incómodo aquí plantado en la puerta, dado que Kim me irrita de la
hostia y sé que no le gusta tener público cuando se siente vulnerable. Las dejo en el salón de la gran suite
y me dirijo al área de la cocina. Me sirvo una taza de café y me quedo mirando la pared hasta que los
sollozos se transforman en voces amortiguadas en la otra habitación. Mantendré la distancia por ahora.
—¿Va a volver mi padre? —pregunta entonces una vocecita desde alguna parte, cogiéndome por
sorpresa.
Bajo la vista y veo que Smith, con sus ojos verdes, está sentado en una silla de plástico a mi lado. Ni
siquiera lo había oído entrar.
Me encojo de hombros y me siento al lado de él, mirando fijamente la pared.
—Sí, supongo que sí. —Debería decirle lo fantástico que es su padre… nuestro padre…
«Joder.»
Este extraño espécimen de niño es mi puto hermano. No logro asimilarlo. Miro a Smith, que se toma
mi mirada como una invitación a continuar con su interrogatorio.
—Kimberly ha dicho que está en un lío, pero que puede pagar para salir de él. ¿Qué significa eso?
No puedo evitar la carcajada que escapa de mi boca a causa de este pequeño fisgón y sus preguntas.
—Estoy seguro de que sí —farfullo—. Lo que quiere decir es que no tardará en salir de ese lío. ¿Por
qué no vas a sentarte con Kimberly y Tessa? —me arde el pecho cuando el sonido de su nombre sale de
mi boca.
El crío mira hacia la dirección de la que proceden sus voces y después me observa con ojos sabios.
—Están enfadadas contigo. Sobre todo Kimberly, pero está más enfadada con mi padre, así que no te
preocupes.
—Con el tiempo aprenderás que las mujeres están siempre enfadadas.