Back Amor infinito Save as PDF

de odio. El brillo de sus ojos inyectados en sangre me resulta demasiado familiar, y veo la malicia

cociéndose tras ellos.

—Y ¿por qué iba a estar disfrutando? Detesto verte así. No quiero que sufras de esta manera, Hardin.

Sonríe y se ríe ligeramente antes de levantar la botella y verter un poco de licor sobre los cojines del

sofá.

—¿Sabías que el ron es una de las bebidas más inflamables? —dice con tono perverso.

Se me hiela la sangre.

—Hardin, yo…

—Este ron es de cien grados. Es una graduación alta de cojones. —Su voz suena sombría, lenta y

amenazadora mientras continúa empapando el sofá.

—¡Hardin! —exclamo, y mi voz va ganando volumen—. ¿Qué piensas hacer? ¿Quemar la casa

entera? ¡Eso no va a cambiar nada!

Me hace un gesto con la mano para despedirme y dice con desdén:

—Deberías marcharte. No se permite la entrada a los niños.

—¡No me hables así! —Envalentonada, y algo asustada, alargo la mano y agarro la botella.

Las aletas nasales de Hardin ondean de furia mientras intenta quitármela.

—¡Suéltala ahora mismo! —dice con los dientes apretados.

—No.

—Tessa, no me provoques.

—Y ¿qué vas a hacer, Hardin? ¿Forcejear conmigo por una botella de alcohol?

Pone unos ojos como platos y abre la boca con sorpresa al mirar nuestras manos jugando a tirar de la

cuerda.

—Dame la botella —le ordeno aferrándome con fuerza a ella.

Pesa bastante, y Hardin no me lo está poniendo nada fácil, pero la adrenalina se ha apoderado de mí

y me ha proporcionado la fuerza que necesito. Maldiciendo entre dientes, aparta la mano. No esperaba

que cediera tan fácilmente, de modo que, cuando la suelta, la botella se me escurre de la mano, impacta

contra el suelo delante de nosotros y el líquido marrón comienza a derramarse sobre la madera

envejecida.

Me agacho a recogerla mientras le indico a él lo contrario:

—Déjala ahí.

—No veo cuál es el problema —replica.

Agarra la botella antes que yo y vierte más licor sobre el sofá. Después camina en círculos por la

habitación, dejando un rastro de ron inflamable a su paso.

—De todos modos, van a demoler este agujero. Les estoy haciendo un favor a los nuevos

propietarios. —Me mira y se encoge de hombros de manera traviesa—. Seguro que esto les sale más

barato.

Me alejo lentamente de Hardin, cojo mi bolso y busco mi teléfono. El símbolo de advertencia de

batería baja parpadea, pero llamo a la única persona que podría ayudarnos en este momento. Con el

teléfono en la mano, me vuelvo hacia él de nuevo.

—Si haces esto, la policía vendrá a casa de tu madre. Te arrestarán, Hardin. —Rezo para que la

persona al otro lado de la línea me oiga.

—Me importa una mierda —farfulla con la mandíbula apretada.

Mira al sofá, y sus ojos atraviesan el presente y contemplan el pasado.

—Todavía la oigo gritar. Sus gritos parecían los de un puto animal herido. ¿Sabes qué efecto tiene eso

en un niño pequeño?