venir Christian, el señor agradable que le hacía reír y que le recitaba pasajes de libros antiguos.
Pero Hardin Scott, el hombre adulto que lucha contra la adicción y la rabia heredada del vergonzoso
padre que le fue impuesto, está furioso de la hostia. Me siento traicionado, confundido y cabreado de
cojones. No tiene sentido. No es posible que este típico culebrón televisivo de padres intercambiados me
esté pasando a mí en la vida real. Recuerdos que había enterrado resurgen a la superficie.
A la mañana del día siguiente de que una de mis redacciones fuese seleccionada para el periódico
local, oí cómo mi madre decía con orgullo y ternura al teléfono: «Sólo quería que supieras que Hardin es
brillante. Como su padre».
Eché un vistazo al pequeño salón. El hombre de pelo oscuro que estaba inconsciente en el sillón con
una botella de licor marrón a sus pies no era brillante. «Es un puto desastre», pensé al ver que se
despertaba, y mi madre colgó rápidamente el teléfono. Hubo numerosas situaciones de este tipo,
demasiadas como para contarlas, y yo era demasiado estúpido, demasiado joven para entender por qué
Ken Scott era tan distante conmigo, por qué nunca me abrazaba como solían hacerlo los padres de mis
amigos con sus hijos. Jamás jugaba al béisbol conmigo ni me enseñó nada más que cómo ponerse ciego
de alcohol.
¿Pasé por todo aquello para nada? ¿De verdad Christian Vance es mi padre real?
La habitación me da vueltas. Miro fijamente al hombre que supuestamente me engendró y algo en sus
ojos verdes y en la línea de su mandíbula me resulta familiar. Veo cómo le tiemblan las manos al apartarse
el pelo de la frente y me quedo helado al darme cuenta de que yo estoy haciendo exactamente lo mismo.
CAPÍTULO 1
Tessa
—Eso es imposible.
Me levanto, pero al instante vuelvo a sentarme en el banco al sentir que el césped parece moverse
bajo mis pies de manera inestable.
El parque se está llenando de gente; de familias con niños cargados de globos y regalos a pesar del
frío que hace.
—Es verdad. Hardin es hijo de Christian —dice Kimberly con sus ojos azules brillantes fijos en un
punto.
—Pero Ken… Hardin es clavado a él.
Recuerdo la primera vez que vi a Ken Scott, en una yogurtería. Supe de inmediato que era el padre
de Hardin; su cabello oscuro y su estatura me llevaron en el acto a esa fácil conclusión.
—¿Tú crees? Yo, aparte del color del pelo, no les veo el parecido. Hardin tiene los ojos de Christian y
la misma estructura facial.
«¿En serio?» Me cuesta visualizar los tres rostros. Christian tiene hoyuelos, como Hardin, y los
mismos ojos…, pero esto no tiene sentido: Ken Scott es el padre de Hardin; ha de serlo. Christian parece
tan joven comparado con Ken… Sé que son de la misma edad, pero el alcoholismo de este último causó
estragos en su aspecto. No deja de ser un hombre atractivo, pero salta a la vista que el licor lo ha