—Yo ya he mirado en los dos bares que sé que están abiertos a estas horas —responde Vance con el
ceño fruncido—. Por si acaso. —Su expresión se suaviza cuando me mira—. Sé que no debería haberos
separado para decírselo. Ha sido un tremendo error, y sé que tú eres lo que necesita en estos momentos.
Incapaz de contestarle nada remotamente amable, me limito a asentir, saco mi teléfono del bolsillo y
pruebo a llamar a Hardin una vez más. Sé que tendrá el teléfono desconectado, pero no pierdo nada por
intentarlo.
Mientras yo llamo, Kimberly y Christian se contemplan en silencio, cogidos de las manos, ambos
buscando una señal en los ojos del otro. Cuando cuelgo, él me mira y dice:
—La boda empieza dentro de veinte minutos. Puedo llevarte hasta allí ahora si quieres.
Kimberly levanta una mano.
—Puedo llevarla yo. Tú llévate a Smith y vuelve al hotel.
—Pero… —empieza a replicar él, pero al ver la expresión de su rostro, decide no continuar—.
Volverás al hotel, ¿verdad? —pregunta con una mirada cargada de temor.
—Sí —suspira ella—. No voy a salir del país.
El alivio reemplaza el pánico de Christian, que por fin suelta las manos de Kimberly.
—Id con cuidado, y llamadme si necesitáis algo. Tienes la dirección de la iglesia, ¿verdad?
—Sí. Dame tus llaves. —Extiende la mano—. Smith se ha quedado dormido, y no quiero despertarlo.
Aplaudo en silencio su fortaleza. Si yo fuera ella, estaría hecha polvo. De hecho, estoy hecha polvo
por dentro.
Menos de diez minutos más tarde, Kimberly me deja delante de una iglesia pequeña. La mayor parte
de los invitados ya han entrado, y tan sólo quedan unos cuantos rezagados en los escalones exteriores. Me
siento en un banco y observo la calle en busca de alguna señal de Hardin.
Desde mi posición oigo que la marcha nupcial empieza a sonar y me imagino a Trish vestida con su
traje de novia, recorriendo el pasillo para encontrarse con el novio, sonriendo y radiante, muy guapa.
Pero la Trish de mi mente no coincide con la madre que miente respecto a la identidad del padre de su
único hijo. Los escalones se vacían y los últimos invitados entran para ver el enlace entre Trish y Mike.
Pasan los minutos y puedo oír casi todos los sonidos procedentes del interior del pequeño edificio. Una
media hora más tarde, los invitados aplauden y celebran cuando la novia y el novio son declarados marido
y mujer, momento que me da pie a marcharme. No sé adónde ir, pero no puedo seguir aquí sentada
esperando. Trish saldrá de la iglesia en breve, y lo último que necesito es un incómodo encuentro con la
recién casada.
Empiezo a dirigirme hacia el lugar por donde hemos venido, o al menos eso creo. No recuerdo
exactamente la ruta, pero no tengo ningún sitio adonde ir. Saco el móvil de nuevo y vuelvo a llamar a
Hardin. Su teléfono sigue desconectado. Me queda menos de la mitad de la batería y no quiero que se me