sorprendentemente relajante. No me apetecía nada ir a cenar a casa de mi padre, pero Tessa se estaba
volviendo loca encerrada todo el tiempo en el apartamento, de modo que cuando Karen llamó para
invitarnos, se puso a dar saltos de alegría.
—Si nos quedamos en casa esta noche, iremos el fin de semana. ¿Habrás terminado para entonces?
—Supongo… —protesté.
—Pues llámalos y díselo tú. Prepararé la cena después de esto y así tú puedes trabajar. —Me dio
unos golpecitos con el dedo en el labio superior para indicarme que cerrase la boca y me afeitó alrededor
de ésta.
Cuando terminó, dije:
—Deberías beberte el resto del vino de la nevera porque la botella lleva días descorchada. Se
avinagrará pronto.
—Bueno…, no sé… —vaciló. Y yo sabía por qué.
Abrí los ojos y ella llevó una mano atrás para abrir el grifo y mojar una toalla.
—Tess —pegué los labios bajo su barbilla—, puedes beber delante de mí. No voy a abalanzarme
sobre tu copa.
—Lo sé, pero no quiero que se te haga raro. Además, tampoco hace falta que beba tanto vino. Si tú
no bebes, yo tampoco.
—Mi problema no es la bebida. Mi problema es combinar el hecho de estar cabreado con la bebida.
—Lo sé —repuso, y tragó saliva.
Lo sabía.
Me pasó la toalla templada por la cara para eliminar el exceso de crema de afeitar.
—Sólo soy un capullo cuando bebo para intentar solucionar mierdas, y últimamente no he tenido nada
que solucionar, así que estoy bien. —Incluso yo sabía que eso no era ninguna garantía absoluta—. No
quiero ser uno de esos tipos como mi padre que beben hasta perder la razón y poner en riesgo a la gente
que me rodea. Y, puesto que resulta que tú eres la única persona que me importa, no quiero beber
estando tú presente nunca más.
—Te quiero —se limitó a responder.
—Y yo te quiero a ti.
Con el fin de interrumpir el ambiente tan serio del momento, y puesto que no quería seguir por ese
camino, me quedé observando su cuerpo apoyado en el mueble de baño. Llevaba puesta una de mis
camisetas blancas y nada más que unas braguitas negras debajo.
—Puede que tenga que quedarme contigo ahora que sabes afeitarme bien. Cocinas, limpias…
Me dio una bofetada de broma y puso los ojos en blanco.
—Y ¿yo qué beneficio saco? —replicó—. Eres desordenado; sólo me ayudas a cocinar una vez a la
semana, cuando me ayudas. Te levantas siempre de malhumor…
La interrumpo colocando una mano entre sus piernas y apartándole las bragas.
—Aunque supongo que sí hay algo que se te da bien. —Sonrió mientras yo deslizaba un dedo dentro
de ella.
—¿Sólo una cosa?
Añadí otra y Tessa gimió mientras dejaba caer la cabeza hacia atrás.
La mano del camarero golpea la barra delante de mí.
—He dicho que si quieres otra bebida.
Parpadeo unas cuantas veces, bajo la vista hacia el mostrador y vuelvo a levantarla hacia él.
—Sí. —Le paso el vaso y el recuerdo se desintegra mientras espero a que me lo rellene—. Otro