Back Amor infinito Save as PDF

subsanarlo. No me sorprendería nada que Kim me dejara.

«Por favor, ahórrame este numerito patético.»

—Muy agudo por tu parte. Sí, probablemente no deberías haber intentado tirarte a mi madre en la

cocina.

Me fulmina con la mirada.

—Parecía estar asustada, y me dijo que quería asegurarse de que su pasado se quedaba realmente en

el pasado antes de casarse. Y yo soy todo un experto en tomar malas decisiones —dice claramente

avergonzado mientras tamborilea el volante con los dedos.

—Yo también —farfullo para mis adentros mientras me dispongo a abrir la puerta.

Pero me agarra del brazo.

—Hardin.

—Suéltame. —Lo aparto y salgo del coche.

Necesito tiempo para procesar toda esta mierda. Acabo de recibir un aluvión de respuestas a

preguntas que jamás me había planteado preguntar. Necesito respirar y calmarme; necesito alejarme de él

y reunirme con mi chica, mi salvación.

—Necesito que te distancies de mí. Ambos lo sabemos —le digo al ver que no mueve el coche.

Me observa durante un instante, asiente y me deja en la acera.

Miro a mi alrededor y reconozco el escaparate de una tienda que hay a mitad de la calle, lo que me

indica que estoy a dos manzanas de la casa de mi madre. Siento cómo me late la sangre detrás de las

orejas mientras me llevo la mano al bolsillo para llamar a Tess. Necesito oír su voz y que me devuelva a

la realidad.

Observo el edificio mientras espero que responda y mis demonios se debaten en mi interior,

arrastrándome a una placentera oscuridad. Con cada tono que pasa sin contestar, tiran con más fuerza y

me arrastran más y más, hasta que pronto mis pies comienzan a trasladarme al otro lado de la calle.

Me meto el teléfono de nuevo en el bolsillo, abro la puerta y entro en el familiar escenario de mi

pasado.

CAPÍTULO 3

Tessa

Cristales rotos crujen bajo mis pies mientras me paseo de un lado a otro esperando pacientemente, o

lo más pacientemente que puedo.

Por fin, cuando Mike ha terminado de hablar con la policía, me acerco hasta él.

—¿Dónde está? —pregunto sin mucha cortesía.

—Se ha marchado con Christian Vance. —Los ojos de Mike no reflejan emoción alguna. Su aspecto

me tranquiliza un poco y me recuerda que esto no es culpa suya. Es el día de su boda, y se lo han

arruinado.

Miro la madera rota y paso por alto los susurros procedentes de los testigos curiosos. Tengo mil nudos

en el estómago, pero intento mantener la compostura.

—¿Adónde han ido?

—No lo sé. —Mike entierra la cabeza entre las manos.

Kimberly me da unos toquecitos en el hombro.

—Escucha, cuando la policía termine de hablar con esos tipos, si seguimos aquí, también querrán

hablar contigo.

Mi mirada oscila entre la puerta y Mike. Asiento y sigo a Kimberly hasta el exterior para evitar llamar

la atención de la policía.

—¿Puedes intentar telefonear a Christian otra vez? —le pido—. Lo siento, es que necesito hablar con