Me pongo en pie tambaleándome, y mi hermana intenta ayudarme. Yo la aparto de un empujón. La sucia vacaburra se merecía que me chivara al viejo. Yo pensaba: Puede que lo haga, puede que no, porque pensé que a mamá y papá se les cruzarían los cables.
Cuando llego abajo, están todos apiñados alrededor de la silla del abuelo. Debajo hay un gran charco de pis. La cabeza del viejales está torcida hacia un lado, los ojos cerrados, pero tiene la boca abierta. Hay ratones blancos caminando alrededor del charco de pis. Uno estaba dentro, el cabrón que tenía rotas las patas de atrás, arrastrándose por en medio. Asegurándome de
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que John Deaf no se fijaba, dejé caer mi talón con fuerza sobre el cabrito. Sabía que a John Deaf le gustaba aquel ratón, y que eso me ayudaría a devolvérsela por la paliza que me había dado. Cuando miré hacia abajo, el ratón seguía vivo, pero estaba como reventado. Arrastraba sus tripas desparramadas por el pis; pero el cuerpo seguía reptando hacia adelante.
Yo no sabía si el viejo de la silla estaba muerto o no, pero por ahí andaría la cosa. Me dolía todo, y más que nada la cabeza, pero estaba feliz, pues sabía que iban a llevarse a John Deaf porque el viejales estaba muerto, o medio muerto.
Eso hicieron. John Deaf nunca volvió al barrio. Había montones de historias circulando por ahí: que si el viejales no era en realidad el abuelo de John Deaf y ambos dormían sobre aquel único colchón, ya entiendes lo que quiero decir. Yo no lo descartaría, eso es todo lo que tengo que decir sobre el tema. Pero no son más que habladurías, y las dos únicas personas que sabían realmente lo que pasaba en aquella casa no pueden contárselo a nadie.
Nunca le dije a mi madre y mi padre nada de mi hermana y John Deaf. Ella aprendió a tener cuidado con lo que decía cuando yo andaba por ahí, y a no rebotarse. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que algo no iba bien, y cuando le preguntaron, empezó a llorar. ¡El caso es que yo fui el capullo que se llevó las culpas! ¡Yo! El viejo dice que fui un chantajista, y que el chantaje es lo más bajo que se puede llegar a caer, sobre todo si se chantajea a los familiares. Me contó la historia de un maricón que conoció en el ejército al que chantajeaban y que el pobre tontolculo se mató. Así que a mí me sacuden y con ella no hacen más que simpatizar. Una pasada que te cagas, tío, ya te digo.
Me alegré cuando se llevaron al John Deaf ese. Odiaba a aquel desgraciao. Nunca he vuelto a ser el mismo desde la tunda que me metió, en serio te lo digo.
lié
AL OTRO LADO DEL PASILLO
15/2 COLLINGWOOD