John Deaf nunca fue a la escuela. No sabían que él existiera. Por supuesto, John Deaf habría ido a uno de esos colegios especiales para los sordos, como ese grande y pijo que hay en Haymarket, pero no iba a ningún colegio. Cada vez que uno de nosotros hacía novillos, se encontraba con John Deaf, fijo.
Todos solíamos andar por casa de John Deaf. Estaba realmente asquerosa por eso, pero entonces no nos molestaba demasiado. Era nuestra base, nuestro cuartel general. Su abuelo nunca se metía con nadie, no hacía más que estar allí sentado viendo la tele y bebiendo latas de cerveza. Él también era sordo.
Una vez, cuando estábamos en casa de John Deaf enredando y tal, John y mi hermana desaparecieron. Subimos por las escaleras y oímos ruidos que venían del cuarto donde estaba el depósito del agua. Cuando abrimos la puerta vimos a ese puto capullo de John Deaf y a mi hermana. Se estaban mo-
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rreando y John Deaf iba con la cola sacada y la mano metida en sus faldas.
Ahora le dicen guarra y me tengo que aguantar como un puto capullo, es así y punto. Así que la aparto y la empujo escaleras abajo, diciéndole que se vaya a tomar por culo. Ella estaba que se cagaba, y más le valía, porque allí estaba yo pensando: Como se entere el viejo… Pero de todos modos le pego un puñetazo en la boca a John Deaf y empezamos a zurrarnos, lo cual fue un fallo que te cagas por mi parte, dada la fuerza de John Deaf, y se coloca sobre mí y empieza a inflarme a hostias, golpeándome la cabeza contra aquellas baldosas negras. Supongo que fue entonces cuando me percaté de lo mayor que era John Deaf. No era tanto el tamaño de su cola, porque aún la tenía sacada mientras el cabrón estaba sobre mí, ni el pelo que tenía en las pelotas. Eran más bien los pelos culeros que tenía en la cara, y su fuerza. A pesar de su escasa altura, comprendí de golpe que John Deaf no era de la misma edad que los otros. Tendría unos dieciséis; puede que más aún. Cuando me di cuenta de aquello, me cagué encima de verdad. Lloraba a moco tendido, sólo tenía once años y tal, y todo dios diciendo: Ya le has dado bastante. Déjalo.
Pero John Deaf es sordo, ¿no?
De todas formas, joder, qué tunda me llevé. No paró hasta que algún cabrón me lo quitó de encima a rastras para llevarle abajo. Creo que fue Cammy, pero la verdad es que no estoy seguro. De todas formas, fuese quien fuese, empezó a arrastrar a John Deaf escaleras abajo. John Deaf no se resistió, supongo que leía en la cara del chaval que algo andaba mal.