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Chrissie se dedicaba a hacerle zalamerías a Anna. Le acariciaba los brazos desnudos, diciéndole lo delgada y hermosa que era. Anna probablemente estaba avergonzada, pero lo llevaba bien. A mí me ofendía que aquella bollera gorda sobara a mi novia. Se volvió más hostil conmigo a medida que corría la bebida, preguntándome cómo me iban las cosas, a qué me dedicaba. Su voz había adoptado un tono de desafío.

«Sólo que ya no le vemos tanto últimamente, ¿no es así, Richard?»

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«Déjalo, Chrissie…», dijo ansiosamente Richard.

Chrissie acarició la mejilla color melocotón de Anna. Anna le devolvió una sonrisa de incomodidad.

«¿Te folla como a mí? ¿Por tu hermoso culito?», preguntó.

Sentí que me arrancaban la carne de los huesos. El rostro de Anna se retorció de desazón al volverse hacia mí.

«Creo que será mejor que nos marchemos», dije.

Chrissie me tiró encima un vaso de cerveza y empezó a insultarme. Richard la sujetaba desde detrás de la barra, de lo contrario me habría golpeado. «¡COGE A tu asquerosa guarri-LLA Y LÁRGATE! ¡UNA MUJER DE VERDAD ES DEMASIADO PARA TI, JO-DIDA ALIMAÑA YONQUI! ¿LE HAS ENSEÑADO YA LOS BRAZOS?»

«Chrissie…», dije débilmente.

«¡A TOMAR POR CULO! ¡VETE A TOMAR POR CULO! ¡VETE A TIRARTE A TU NENITA, PUTO PEDERASTA! ¡YO SOY UNA MUJER DE VERDAD, UNA MUJER DE VERDAD, JODER!…»

Hice salir del bar a Anna. Cyrus me enseñó sus dientes amarillos y encogió sus anchos hombros. Me volví y vi a Richard confortando a Chrissie. «Soy una mujer de verdad, no una niñata.»

«Eres una mujer hermosa, Chrissie. La más hermosa», le oí decir consoladoramente.

En cierto sentido, fue como una bendición. Anna y yo fuimos a tomar una copa y le conté toda la historia de Chrissie y Richard, sin dejarme nada. Le conté lo hecho polvo y amargado que estaba, y cómo, aunque no le había prometido nada, había tratado a Chrissie bastante vilmente. Anna lo comprendió y nos olvidamos del episodio. Gracias a aquella conversación me sentí aún mejor y más desinhibido, mi último problemilla en Amsterdam quedaba aparentemente resuelto.

Era extraño, pero como Chrissie estaba tan jodida, casi pensé en ella unos días después cuando dijeron que habían pescado el cuerpo de una mujer en Oosterdok, junto a Cen-traal Station. Sin embargo, lo olvidé rápidamente. Disfrutaba de la vida, o al menos lo intentaba, aunque las circunstancias trabajaban en contra nuestra. Anna acababa de entrar en la universidad, para estudiar diseño de moda, y con mis turnos en el hotel éramos como barcos en la noche, así que estaba

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pensando en dejarlo y buscar otro trabajo. Había ahorrado un buen fajo de florines.

Sopesaba el asunto una tarde cuando oí que alguien aporreaba la puerta. Era Richard, y cuando le abrí me escupió a la cara. Estaba demasiado estupefacto para enfadarme. «¡Asesino de mierda!», me dijo con desprecio.

«Qué…» Lo sabía, pero no lo entendía. Mil impulsos recorrieron mi cuerpo dejándome petrificado.

«Chrissie está muerta.»

«Oosterdok…, era Chrissie…»

«Sí, era Chrissie. Supongo que ahora te sentirás feliz.»