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Era como si el mundo mereciera su violencia y tuviera que aceptarla por el hecho de que en otros aspectos era estupendo, perfecto. La noche en que Nic conoció a Catriona..., aquella noche también le había dado una bofetada a él. Estuvieron en un par de bares: el Madogs, moderno pero muy caro, donde decían que iba la princesa Margarita, y el Shakespeare, cerca del Usher Hall, y allí fue donde conocieron a Cat y a sus amigas, que habían salido para ir al Lyceum a ver una obra de teatro sobre caballos. Nic conocía a una de las chicas y él mismo se presentó, mientras él, Jerry, permanecía a su lado sin decir ni mu. Nic no dejó de hablar con la tal Cat, un diminutivo de Catriona. No estaba mal pero no era la mejor del grupo.
—¿Estudias en Napier? —le preguntaron a Jerry.
—Qué va —respondió él—. Trabajo en electrónica.
Siempre soltaba aquel rollo para que le tomaran por diseñador de juegos o pensaran que tenía su propio negocio de software; pero no salió bien porque le preguntaron cosas a las que no supo responder, y él optó por echarse a reír admitiendo que llevaba una pala excavadora. La respuesta provocó sonrisas pero la conversación se enfrió.
Cuando el grupo se fue al teatro Nic le dio un codazo.
—De maravilla, colega —dijo—. Cat y yo nos vemos después para tomar una copa.
—¿Te gusta?
—Está bien. ¿A que sí? —añadió mirándole con recelo.
—Oh, sí. Es singular.
—Y es familia de Bryce Callan —agregó dándole otro codazo—. Es una Callan.
—¿Y qué?
—¿No has oído hablar de él? —le dijo Nic abriendo mucho los ojos—. Hay que joderse, Bryce Callan es el amo aquí.
El echó una ojeada al pub.
—¿El dueño de esto?
—Sí, tío... ¡Es el amo de Edimburgo!
El asintió con la cabeza, a pesar de que no acababa de entenderlo.
Después, cuando fueron a otros dos bares, le preguntó si podía ir con él y Catriona.
—No seas lila.
—¿Y qué hago yo?
Caminaban por la acera y Nic se paró en seco y le miró furioso.
—Pues para empezar: a ver si creces. Ya no es como antes y no somos niños.
—Ya lo sé. Yo ya curro y voy a casarme.
Nic le dio una bofetada. No fue muy fuerte, pero Jerry se quedó tenso de la impresión.
—Ya es hora de hacerse mayor, colega. Tú trabajarás pero a cualquier sitio que te llevo te quedas como un pasmarote —dijo sujetándole la cara—. Observa, Jerry, mira cómo hago las cosas. A ver si creces de una vez.
«Crecer.»
Jerry se preguntaba si era a eso a lo que conducía crecer: estar los dos en el Cosworth y de caza un lunes por la noche. Los lunes había clubes de solteros para gente ligeramente mayor. Pero a Nic le tenía sin cuidado la edad que tuviera una mujer: lo que él quería era una. Miró de reojo a su amigo. Era guapo... ¿por qué necesitaba hacer aquello? ¿Qué problema tenía?