Disponían de la descripción de un hombre de unos treinta años, pero existían enormes discrepancias en las declaraciones de los testigos. Por eso se habían desempolvado los retratos robot originales y los dibujos artísticos de John Biblia, para difundirlos a través de los medios de comunicación. Recurrían al habitual truco psicológico de publicar notas en la prensa para que se entregara: «Es evidente que necesita ayuda y nos gustaría que se pusiera en contacto con nosotros». Un farol y silencio por respuesta.
Ancram señaló unas fotos en la pared: un retrato robot de 1970, y otro avejentado mediante ordenador, con barba y gafas y menos pelo en la coronilla y las sienes. Habían difundido los dos.
—Es que podría ser cualquiera —exclamó Ancram.
— ¿Le cabrea, señor? —Rebus esperaba que Ancram le invitara a tutearle.
—Claro que me cabrea. —El rostro del inspector jefe se serenó—. ¿A qué viene tanto interés?
—Por nada en particular.
—Porque ha venido aquí para hablar de Tío Joe y no de Johnny Biblia, ¿verdad?
—Cuando usted guste, señor.
—Bien, pues vamos a ver si encontramos dos sillas libres en este puñetero edificio.
Acabaron de pie en el pasillo, tomando café de máquina.
— ¿Sabemos con qué las estrangula? —preguntó Rebus.
Ancram abrió los ojos perplejo.
— ¿Más Johnny Biblia? —Suspiró—. Sea lo que fuere, no deja mucha impronta. Hemos llegado a la conclusión de que utiliza un trozo de cuerda de tender; ya sabe, ésa forrada de plástico. Los laboratorios forenses han analizado unas doscientas posibilidades, desde soga hasta cuerdas de guitarra.
— ¿Y qué piensa de los recuerdos?
—Yo creo que habría que divulgarlo. Cierto que manteniéndolo en secreto nos ahorramos toda esa caterva de chiflados que acuden a confesar el crimen, pero creo que es mejor pedir ayuda a los ciudadanos. El collar, por ejemplo, es de lo más peculiar. Si alguien lo ha encontrado o lo ha visto...
—Tienen a un vidente trabajando en el caso, ¿no?
A Ancram no pareció gustarle la pregunta.
—Yo, no. Algún gilipollas de las altas esferas. Es un truco publicitario de un periódico, pero los jefazos han dado su conformidad.
— ¿Y no hay ningún resultado?
—Le pedimos una demostración previa, que predijera el ganador de la carrera de caballos de las dos y cuarto en Ayr.
Rebus se echó a reír.
— ¿Y?
—Dijo que veía las letras S y P y un jockey con traje rosa de lunares amarillos.
—Impresionante.
—Pero es que no hubo carrera a esa hora, ni en Ayr ni en ningún sitio. A mi entender, toda esta investigación tipo vudú es una pérdida de tiempo.
— ¿Así que no cuentan con nuevas pistas?
—Poca cosa. En el lugar del crimen no apareció ni saliva ni un simple cabello. El hijo de puta utiliza un condón y se lo lleva con el envoltorio. Yo apostaría que también usa guantes. Hemos encontrado alguna hebra de chaqueta o cosa similar, que aún se está analizando. —Ancram se llevó el vasito a los labios, soplando—. Bueno, inspector, ¿quiere información sobre Tío Joe o no?