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Rebus asintió con la cabeza. Miraba el material, pensando cuánto le gustaría poder quedarse unas semanas y encontrar algo en lo que nadie hubiese reparado... Un sueño, claro, una fantasía, pero en las noches de poco trabajo a veces era motivación suficiente. Él tenía los periódicos, pero sólo explicaban lo que había revelado la policía. Se acercó a unas estanterías a leer los lomos de los archivadores: Indagaciones puerta a puerta, Empresas de taxis, Peluqueros, Sastrerías, Postizos.

— ¿Postizos?

Ancram sonrió.

—Por su pelo tan corto. Se sospechó que podía ser una peluca.. Y se indagó entre los peluqueros para ver si alguno reconocía el estilo.

—Y a los sastres por el corte italiano del traje.

Ancram lo miró.

Él se encogió de hombros.

—Me interesa el caso. ¿Esto qué es? —añadió Rebus señalando un Cuadro en la pared.

—Similitudes y diferencias entre ambos casos —dijo Ancram—. Salas de baile y discotecas. Y las descripciones: alto, delgado, tímido, pelo castaño rojizo, bien vestido... Fíjese que es como si Johnny fuese el hijo de John Biblia.

—Es algo que yo mismo me he planteado. Suponiendo que Johnny Biblia esté copiando a su mentor y suponiendo que John Biblia esté todavía por ahí...

—John Biblia está muerto.

—Pero, suponiendo que no lo esté —añadió Rebus sin quitar la vista del cuadro—. Me pregunto si le halaga o le cabrea.

—A mí no me lo pregunte.

—La víctima de Glasgow no estaba en un club —dijo Rebus.

—Bueno, no se la vio a última hora en un club, pero aquella misma noche sí había estado en uno, y él pudo muy bien haberla seguido desde allí hasta el concierto.

Johnny Biblia había recogido a la primera y segunda víctimas en discotecas, el equivalente en los noventa de los salones de baile de los sesenta, más ruidosas, menos iluminadas y más peligrosas. Las dos iban con gente que facilitó sólo una vaga descripción del hombre con quien se había marchado su amiga. Pero a la tercera víctima, Judith Cairns, la había recogido en un concierto de rock en la sala superior de un pub.

—Hay más casos —decía Ancram—. Tres sin resolver en Glasgow a finales de los setenta y siempre con la desaparición de algún objeto de la víctima.

—Como si fuera el mismo —musitó Rebus.

—Y muchas otras pistas poco estudiadas —añadió Ancram cruzándose de brazos—. ¿Hasta qué extremo conoce Johnny Biblia las tres ciudades? ¿Eligió al azar los clubes nocturnos o los conocía de antemano? ¿Fue elegido cada uno de ellos premeditadamente? ¿Podría tratarse de un repartidor de cerveza? ¿De un disc–jockey} ¿Un periodista de revistas musicales? Quién sabe si no es un simple redactor de puñeteras guías de viaje... —espetó Ancram a guisa de conclusión.

Se echó a reír forzadamente y se restregó la frente.

—Podría ser el propio John Biblia —dijo Rebus.

—Inspector, John Biblia está muerto y enterrado.

— ¿De verdad lo cree?

Ancram asintió con la cabeza. No era el único; había muchos policías que creían saber todo sobre John Biblia y estaban convencidos de que había muerto. Pero otros eran más escépticos, Rebus entre ellos. Probablemente ni una prueba de ADN le habría hecho desistir. La posibilidad de que John Biblia siguiera vivo para él era una realidad.