Volvió a la Biblioteca Nacional y observó a los bibliotecarios. Buscaba a alguien peculiar y cuando creyó haberlo encontrado, fue a ver la tabla de horarios y decidió esperar.
A media tarde, con gafas de sol, aguardaba la hora de cierre frente al edificio central, separado de él por un tráfico congestionado. Vio salir al personal, de uno en uno y en grupos, hasta que por fin apareció el joven que esperaba. Lo vio alejarse por Victoria Street y cruzó para seguirle. Había mucha gente en la calle, turistas y trabajadores que volvían a casa. Se mezcló con la multitud a paso ligero sin perder de vista a su presa. En Grassmarket el joven entró en el primer pub que encontró. John Biblia se detuvo y reflexionó. ¿Sería sólo una copa antes de volver a casa o iría a reunirse con sus amigos para pasar con ellos la velada? Decidió entrar.
Era un bar con poca luz y bullicio de oficinistas, hombres con la chaqueta echada por los hombros y mujeres tomando tónica en vasos largos. El bibliotecario estaba solo en la barra. John Biblia se sentó a su lado y pidió un zumo de naranja, haciendo un gesto con la cabeza hacia la cerveza del joven.
— ¿Toma otra?
Cuando el joven se volvió, se inclinó sobre él y le susurró:
—Voy a decirle tres cosas. Primero: soy periodista. Segundo: quiero obsequiarle con quinientas libras. Tercero: no implica en absoluto nada ilegal. —Hizo una pausa—. Bien, ¿acepta la copa?
El joven no dejaba de mirarle, pero aceptó.
— ¿Es un sí a la cerveza o al dinero? —añadió John Biblia sin perder su sonrisa.
—A la cerveza. De lo otro, explíqueme algo más.
—Se trata de una tarea tediosa que yo no puedo hacer. En la biblioteca, ¿llevan un libro de registro de los volúmenes en consulta y préstamo?
El bibliotecario reflexionó y asintió con la cabeza.
—Parte de ellos se registran por ordenador y otros, todavía por fichas.
—Bien, con los de ordenador será cosa rápida, pero los de fichas le llevarán más tiempo. De todos modos, es una buena remuneración, créame. ¿Y la consulta de prensa?
—Figurará en el registro. ¿Qué fechas le interesan?
—Los últimos tres o seis meses. Y los periódicos entre 1968 y
I97°' Pagó las dos consumiciones con un billete de veinte libras y abrió ostensiblemente la cartera para que el joven viese que había más.
—Tardaré un poco —dijo el joven—, porque tendré que recurrir al cruce de datos entre Causewayside y el puente Jorge IV.
—Puede contar con otras cien libras si se da prisa.
—Necesito datos.
John Biblia asintió con la cabeza y le entregó una tarjeta profesional con nombre y dirección falsos y sin número de teléfono.
—No se moleste en pasar; le telefonearé yo. ¿Cómo se llama?
—Mark Jenkins.
—Muy bien, Mark —dijo John Biblia.
Cogió dos billetes de cincuenta libras y se los metió al joven en el bolsillo superior de la chaqueta.
— ¿De qué se trata? —inquirió éste.