Era fácil perdonar cosas así. Pero luego les cayó una investigación por homicidio en la que el sospechoso era Leonard Spaven, jefe de Geddes. Ambos llevaban un par de años jugando al gato y al ratón: agresión con agravantes, proxenetismo y robo de un par de cargamentos de tabaco. Y corrían rumores sobre uno o dos asesinatos, asuntos de ajustes de cuentas y rivalidad entre gángsteres. Spaven había servido en la Guardia Escocesa con Geddes, y puede que la inquina naciera entonces, pero ninguno comentaba nada al respecto.
El día de Navidad de 1976 tuvo lugar un horripilante hallazgo en una granja de las inmediaciones de Swanston: una mujer decapitada. La cabeza apareció una semana después, el día de Año Nuevo, en un campo cercano a Currie. Como las temperaturas marcaban bajo cero, debido al avanzado proceso de descomposición, el forense dictaminó que había permanecido cierto tiempo en algún otro sitio desde el seccionamiento, al contrario que el cuerpo, que fue abandonado inmediatamente después del crimen. La policía de Glasgow, con el caso de John Biblia pendiente desde hacía seis años, mostró cierto interés. A partir de la descripción inicial por la ropa, un civil se presentó a declarar que podía tratarse de una vecina que llevaba dos semanas sin aparecer. El lechero había interrumpido el reparto al imaginarse que, sin previo aviso, se había ausentado en Navidad.
La policía forzó la puerta. Felicitaciones navideñas sin abrir sobre la alfombra del recibidor, en el fogón una cazuela con sopa mohosa y la radio a bajo volumen. Localizados los familiares, éstos identificaron el cadáver: era Elizabeth Rhind, Elsie para los amigos. Tenía treinta y cinco años, estaba divorciada de un marino mercante y trabajaba como secretaria en una fábrica de cerveza. Una mujer muy apreciada y extrovertida. El ex marido, primer sospechoso, tenía una coartada perfecta ya que su barco estaba por aquellas fechas en Gibraltar. Repasando la lista de amistades de la víctima, y en concreto de los hombres con quien salía, apareció un nombre sin apellido: Lenny. Elsie había salido con él durante un par de semanas. Sus amigos más allegados facilitaron la descripción y Lawson Geddes intuyó que se trataba de Lenny Spaven. Rápidamente estableció una hipótesis: Lenny había puesto sus miras en Elsie al saber que trabajaba en una fábrica de cerveza, con la intención quizá de obtener información interna y así apropiarse de un camión o robar en la fábrica. Al negarle Elsie su colaboración, él, furioso, la mató.
Para Geddes la hipótesis era muy sólida, pero no lograba convencer a nadie. Y no existían pruebas. El momento de la muerte tampoco se podía determinar sin un margen de error de veinticuatro horas, por lo que Spaven no necesitaba coartada. En un registro en su casa y en la de sus amigos no se encontró una sola mancha de sangre. Había otras pistas, pero Geddes no podía apartar a Spaven de la cabeza. Rebus estuvo a punto de volverse loco. Acabaron gritándose más de una vez y dejaron de salir juntos a tomar copas. Sus jefes le llamaron la atención, diciéndole que estaba obsesionado y perjudicaba la investigación; le aconsejaron tomarse unas vacaciones, e incluso los de Homicidios organizaron una colecta para él.