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No había nada de comer en la cocina, sólo periódicos; y la tienda de la esquina había cerrado definitivamente, pero tenía una de comestibles no muy lejos. No, compraría en otra cualquiera por el camino. Miró por la ventana y vio una ranchera azul claro en doble fila bloqueando tres coches del vecindario. Equipo de filmación en el vehículo y al lado dos hombres y una mujer tomando café en vasitos desechables.

—Mierda —exclamó mientras se anudaba la corbata.

Se puso la chaqueta y salió a la calle a afrontar las preguntas. Uno de los hombres cargó al hombro una cámara de vídeo y el otro comenzó a hablar.

—Inspector, sólo unas preguntas. Somos de Redgauntlet Televisión, de Justicia en directo.

Rebus les conocía: él era Eamonn Breen, guionista–presentador y un engreído de campeonato, y ella, Kayleigh Burgess, productora del programa.

—Inspector, es por el caso Spaven. Concédanos unos minutos. A ver si llegamos al fondo...

—Yo ya he llegado.

Vio que la cámara no estaba a punto y giró con rapidez sobre sus talones, dándose casi de bruces con el periodista. Recordó a Minto diciendo «acoso», sin saber lo que era ni lo que a él le había costado saberlo.

—Te va a parecer un parto —dijo.

— ¿Cómo dice? —preguntó Breen perplejo.

—Cuando el cirujano te saque la cámara del culo.

Rompió la multa de aparcamiento del parabrisas, abrió la puerta del coche y se sentó al volante. Ahora sí que estaba lista la maldita cámara, pero lo único que pudo filmar fue un Saab 900 abollado dando marcha atrás a toda pastilla.

Rebus tenía una reunión matinal con el inspector jefe, Jim MacAskill. El desorden del despacho era similar al de las otras dependencias de la comisaría: cajas de cartón para el traslado pendientes de llenar y rotular, estanterías medio vacías, viejos archivadores metálicos verdes con los cajones abiertos y montones de papeles, todo lo cual debía ser transportado con cierto orden.

—Esto es un tremendo rompecabezas —dijo MacAskill—. Si llega todo a destino en buen estado, será un milagro comparable a aquella copa de la UEFA que ganaron los Raith Rovers.

El jefe era un brigadista como Rebus, nacido y criado en Methil, en la época en que en los astilleros se construían barcos y no torres de perforación para la industria del petróleo. Era alto, fuerte y más joven que él. Daba la mano de manera normal y no al estilo masónico, pero al no estar casado, corrían rumores de si no sería de la acera de enfrente, cosa que a Rebus le tenía sin cuidado aunque esperaba que en caso afirmativo no fuese de los que se sienten culpables. Basta que se quiera guardar un secreto para estar más a merced de los chantajistas y mercachifles de la vergüenza, de las fuerzas destructivas interiores y exteriores. Vaya si lo sabía él.

En cualquier caso, MacAskill era un guaperas de abundante pelo negro, sin canas ni indicios de tinte, de rostro bien cincelado y sin defectos; el equilibrio entre los ojos, la nariz y la barbilla le hacía parecer sonriente aunque estuviera serio.