Chapters (2)
baño, mientras espero a que el agua de la ducha deje de correr.
—Habéis vuelto a romper, ¿verdad? —pregunta metiéndose donde no lo llaman.
No sabe cuándo debe cerrar la boca.
—Obviamente. —Cierro los ojos y dejo caer la cabeza un poco hacia atrás.
—No voy a meterme en vuestros asuntos, pero sí espero que me hables sobre Richard y me cuentes
cómo acabó en tu apartamento. No lo entiendo.
—Vivía en mi casa desde que Tessa se marchó a Seattle. No tenía adónde ir, de modo que dejé que
se quedara conmigo. Cuando nos fuimos a Londres, se suponía que él tenía que estar en rehabilitación,
así que nadie podía imaginar que iba a aparecer tieso en el suelo del baño.
La puerta del cuarto de baño se abre y veo a Tessa envuelta sólo con una toalla. Noah nunca la ha
visto desnuda, ningún otro hombre la ha visto más que yo, y quiero que siga siendo así. Sé que no
debería dar importancia a estas tonterías, pero no puedo evitarlo.
Me dirijo a la cocina a por un poco de agua, y me encuentro disfrutando del silencio cuando de
repente oigo la voz suave y tímida de Carol:
—Hardin, ¿puedo hablar contigo un momento?
Su tono ya me ha confundido, y eso que la mujer todavía no ha empezado a hablar.
—Pues… Claro.
Retrocedo un poco para mantener una distancia de seguridad con ella. Para cuando dejo de moverme,
tengo la espalda contra la pared de la pequeña cocina.
Parece tensa, y sé que esto a ella le está resultando tan incómodo como a mí.
—Sólo quería hablar de lo de anoche.
Aparto la vista de ella y me quedo mirándome los pies. No sé adónde quiere llegar con esto, pero ya
se ha recogido el cabello y se ha arreglado el maquillaje que anoche se estropeó.
—No sé qué me pasó —dice—. Jamás debería haber actuado así delante de ti. Fue una auténtica
estupidez y…
—No pasa nada —la interrumpo, esperando que se calle.
—No, sí que pasa. Quiero que quede claro que nada ha cambiado. Sigo queriendo que te mantengas
alejado de mi hija.
Levanto la vista para mirarla a los ojos. No es que esperara otra cosa por su parte.
—Ojalá pudiera decirte que voy a hacerte caso, pero no puedo. Sé que no te gusto. —Hago una
pausa y no puedo evitar reírme de mi eufemismo—. Me odias, y lo entiendo, pero ya sabes que tu
opinión me importa una mierda. Y lo digo de la manera más suave que puedo. Es la verdad.
Me pilla desprevenido cuando se echa a reír conmigo. Al igual que la mía, su risa es grave y está
cargada de dolor.
—Eres igual que él. Me hablas del mismo modo en que él les hablaba a mis padres. A Richard nunca
le importó lo que los demás pensaran de él, pero mira adónde lo ha llevado eso.
—Yo no soy él —respondo bruscamente.