Chapters (2)
No respondo. No tengo energías para hacerlo. «Por supuesto que no me va a ayudar a ducharme,
¿por qué iba a hacerlo?»
Hardin pasa por mi lado, dejando un rastro de barro.
—Lo siento, pero esto no va a ocurrir.
Mi mente desconecta de mi cuerpo, o tal vez sólo sea la sensación que me da a mí, pero me echo a
reír como una loca al ver el desastre que ha dejado a su paso. No sólo en casa de mi madre, sino allá
adonde va. Siempre deja un desastre a su paso. Incluida yo, yo soy el mayor desastre de todos.
Desaparece en el baño y le dice a Noah:
—Está medio desnuda y tú le estás preparando una ducha. Y una mierda. No vas a quedarte aquí
mientras se baña. No. No va a pasar ni de coña.
—Sólo estoy intentando ayudarla, y tú estás causando un problema cuando…
Entro por la puerta y me abro paso entre los dos bravucones.
—Marchaos los dos —digo con voz monótona, robótica y plana—. Id a pelearos a otra parte.
Los empujo afuera y cierro la puerta. Cierro con pestillo y rezo para que Hardin no añada esta
delgada puerta del baño a su lista de destrucción.
Me desnudo del todo, me meto en el agua y siento su calor contra mi espalda. Estoy llena de
suciedad, y lo odio. Odio que el barro se haya secado bajo mis uñas y en mi pelo. Odio el hecho de que,
por mucho que me frote, no consigo sentirme limpia.
CAPÍTULO 29
Hardin
—Yo no tengo la culpa de que estuviese desnuda. Y con todo lo que está pasando, ¿lo que más te
preocupa es que vea su cuerpo? —La reprobación en el tono de Noah hace que me den ganas de
estrangularlo con la mano sana.
—No es sólo… —Inspiro hondo—. No es eso. —Son una infinidad de putas cosas que no pienso
decirle.
Entrelazo las manos encima del regazo y después me dispongo a metérmelas en los bolsillos, pero me
doy cuenta de que con la escayola no puedo. Incómodo, vuelvo a entrelazarlas sobre mi regazo.
—No sé qué ha pasado entre vosotros dos, pero no puedes culparme por querer ayudarla. La
conozco de toda la vida, y nunca la había visto así. —Noah sacude la cabeza con desaprobación.
—No pienso hablar de nada de esto contigo. Tú y yo no estamos en el mismo equipo.
Suspira.
— Tampoco tenemos por qué ser rivales. Quiero lo mejor para ella, y tú deberías quererlo también.
No soy ninguna amenaza para ti. No soy tan idiota como para creer que me escogería si tuviera que
elegir. He pasado página. Sigo queriéndola porque, bueno, creo que siempre lo haré, pero no del mismo
modo que la quieres tú.
Sus palabras serían mucho más fáciles de aceptar si no hubiera odiado a este capullo durante los
últimos ocho meses. Me quedo callado, con la espalda contra la pared que está delante del cuarto de