Chapters (2)
que se marchó de Londres. Jamás la habría enviado de vuelta aquí de haber imaginado que acabaría
encontrando el cadáver de su padre en mi apartamento.
En lo que respecta a Richard y a su muerte, tengo sentimientos encontrados. Primero, mi instinto me
pide que lo califique como una desgracia que le ha sucedido a un inadaptado que echó a perder su vida,
pero de repente su pérdida me pesa enormemente en el pecho. No lo conocí mucho, y apenas lo toleraba,
pero era una compañía bastante decente. Aunque me cueste admitirlo, lo cierto es que me caía bien. Era
un incordio, y odiaba que se comiera todos mis cereales, pero me encantaba su manera de adorar a Tessa
y su optimismo frente a la vida, aunque su propia vida fuese una puta mierda.
Y lo más irónico es que, cuando por fin tuvo algo, cuando por fin tuvo a alguien por quien le
mereciera la pena vivir, se fue. Es como si no fuera capaz de soportar tanta bondad. Me arden los ojos
por liberar alguna especie de emoción, tal vez dolor. Dolor por la pérdida de un hombre al que apenas
conocía y que apenas me gustaba, dolor por la pérdida de la idea de un padre que creía tener en Ken,
dolor por la pérdida de Tessa, y también una minúscula esperanza de que ceda y de no haberla perdido
para siempre.
Mis lágrimas de egoísmo se mezclan con las gotas de humedad que caen de mi pelo empapado por la
lluvia. Inclino la cabeza y refreno el impulso de enterrar el rostro en su cuello en busca de consuelo. No
merezco su consuelo. No merezco el consuelo de nadie.
Merezco quedarme aquí sentado, solo, y llorar como un canalla miserable en medio del silencio y la
desolación, mis amigos más antiguos y más auténticos.
Los patéticos sollozos que escapan de mi boca se pierden con el sonido de la lluvia, y me alegro de
que esta chica a la que adoro esté dormida y no sea testigo de este desmoronamiento que no soy capaz de
controlar. Mis propios actos son la fuerza impulsora que hay tras cada putada que está sucediendo,
incluida la muerte de Richard. Si no hubiese accedido a que Tessa viniese a Inglaterra, nada de esto
habría pasado. Seríamos felices y más fuertes que nunca, como lo éramos hace tan sólo una semana.
Joder, ¿sólo ha pasado una semana? Parece imposible que hayan transcurrido tan pocos días, aunque me
da la impresión de que ha pasado una eternidad desde la última vez que la toqué, que la sostuve en mis
brazos y que sentí su corazón latiendo. Mi mano planea sobre su pecho. Quiero tocarla, pero temo
despertarla.
Si pudiera tocarla una sola vez, sentir el latido constante de su corazón, el mío se sosegaría y me
calmaría. Saldría de este estado de desconsuelo, las desagradables lágrimas que corren por mis mejillas
cesarían y mi pecho dejaría de agitarse violentamente.