Chapters (2)
invernadero. El lugar en el que solía esconderse de su padre, el lugar que está usando ahora para
esconderse del mundo, para esconderse de mí.
Nos quedamos aquí sentados mientras la lluvia golpea el techo de cristal. Nos quedamos aquí
sentados mientras sus gimoteos se transforman en silenciosos sollozos y se queda mirando el espacio
vacío que tiene delante, y nos quedamos aquí, sentados en silencio, con mis manos sobre los pequeños
dedos que cubren sus oídos para aislarla del ruido que nos envuelve, para proporcionarle el silencio que
necesita.
CAPÍTULO 27
Hardin
Mientras permanezco aquí sentado, escuchando los sonidos de la implacable tormenta exterior, no
puedo evitar compararla con la tormenta en la que he convertido mi vida. Soy un capullo, un capullo
integral, el gilipollas más grande que se puede llegar a ser.
Tessa por fin ha dejado de llorar hace tan sólo unos minutos; ha inclinado el cuerpo en mi dirección y
se ha permitido descansar apoyada en mí. Ha cerrado sus hinchados ojos y se ha quedado dormida a
pesar de que las gotas de lluvia golpean con fuerza el maltrecho invernadero.
Me muevo con mucho cuidado para que no se despierte cuando coloco su cabeza sobre mi regazo.
Necesito sacarla de aquí, alejarla de la lluvia y del barro, pero sé lo que hará en cuanto abra los ojos. Me
apartará, me dirá que no me quiere aquí y, joder, no estoy preparado para oír esas palabras otra vez.
Me las merezco, todas ésas y más, pero eso no cambia el hecho de que soy un puto cobarde, y quiero
disfrutar del silencio mientras dure. Sólo aquí, en el dulce silencio, puedo fingir ser otra persona. Puedo,
aunque sólo sea durante un minuto, fingir que soy Noah. Bueno, una versión menos irritante de él, pero si
fuera él, las cosas habrían sido diferentes. Las cosas serían distintas ahora. Habría sido capaz de emplear
las palabras y el afecto necesarios para ganarme a Tessa desde el principio, en lugar de hacerlo por un
estúpido juego. Habría sido capaz de hacerla reír más en lugar de hacerla llorar tanto. Ella habría confiado
en mí plenamente, y yo no me habría limpiado el culo con esa confianza y me habría quedado tan
tranquilo viendo cómo desaparecía. Habría saboreado su confianza, y puede que incluso hubiera sido
digno de ella.
Pero no soy Noah. Soy Hardin. Y ser Hardin no significa una mierda.
Si no tuviera tantos problemas reclamando mi atención en mi cabeza, la habría hecho feliz. Le habría
mostrado lo mejor de la vida, como ella lo ha hecho conmigo. Pero, en lugar de eso, aquí está, rota y
hecha una mierda. Su piel está cubierta de barro, la suciedad de sus manos ha empezado a secarse, y su
rostro, incluso dormida, está contraído en un gesto de dolor. Su pelo está húmedo por algunas partes, y
seco y apelmazado por otras, y empiezo a preguntarme si se ha cambiado de ropa más de una vez desde