Chapters (2)
furiosas, y mi cuerpo me ruega que lo eche todo, que lo expulse todo de mi estómago. El problema es que
no tengo nada en el cuerpo, aparte de agua, de modo que el ácido me quema la garganta cuando vomito
sobre mi viejo edredón.
—¡Mierda! —exclama Hardin—. ¡Lárgate, joder! —Empuja el pecho de Noah con una mano, y éste
se tambalea hacia atrás y se agarra al marco de la puerta.
—¡Lárgate tú! ¡Ni siquiera quiere que estés aquí! —le espeta Noah, y corre hacia adelante y empuja a
Hardin.
No se dan cuenta de que me levanto de la cama y me limpio el vómito de la boca con la manga.
Puesto que ambos están centrados únicamente en su ira y en su infinita «lealtad» hacia mí, salgo de la
habitación, cruzo el pasillo y salgo por la puerta de entrada sin que ninguno de los dos se entere.
CAPÍTULO 26
Hardin
—¡Vete a la mierda! —Mi escayola impacta contra la mandíbula de Noah, y él retrocede escupiendo
sangre.
Pero no se detiene. Carga contra mí de nuevo y me tira al suelo.
—¡Maldito hijo de puta! —grita.
Me coloco encima de él. Si no paro ahora, Tessa me odiará aún más. No soporto a este capullo, pero
ella le tiene aprecio, y si le hago daño de verdad no me lo perdonará jamás. Consigo ponerme de pie y
poner algo de distancia entre este nuevo defensa y yo.
—Tessa… —empiezo a decir mientras me vuelvo hacia la cama, pero se me cae el alma a los pies al
verla vacía.
Una mancha húmeda de vómito es la única prueba de que haya estado ahí.
Sin mirar a Noah, salgo al pasillo y grito su nombre. «¿Cómo he podido ser tan estúpido? ¿Cuándo
voy a dejar de cagarla tanto?»
—¿Dónde está? —pregunta Noah por detrás de mí, siguiéndome como si de repente fuera un
cachorrito perdido.
Carol sigue dormida en el sofá. No se ha movido del sitio desde que la dejé allí anoche, después de
que se quedase dormida en mis brazos. Por mucho que esa mujer me odie, no pude negarme a consolarla
al ver cuánto lo necesitaba.
Para mi horror, la puerta mosquitera de la entrada está abierta, y no para de golpear contra el marco
con el viento de la tormenta. Hay dos coches aparcados en la entrada: el de Noah y el de Carol. Me gasté
cien dólares en el taxi desde el aeropuerto hasta aquí para ahorrarme el tiempo que habría perdido yendo
hasta casa de Ken a por mi coche. Al menos, Tessa no ha intentado irse en coche a ninguna parte.
—Sus zapatos están aquí. —Noah recoge una de las zapatillas de Tessa y luego vuelve a dejarla en el
suelo con cuidado.
Lleva la barbilla manchada de sangre y sus ojos azules son feroces, están llenos de preocupación.
Tessa va por ahí sola en medio de una tormenta tremenda porque he dejado que mi puto ego se apodere
de mí.