Chapters (2)
—Sólo quiero saber que no me tienes miedo. Porque no me lo tienes, ¿verdad?
—No se trata de ti —consigo decir.
Y es la pura verdad. Está intentando centrar esto en él, en su dolor, pero esto es por la muerte de mi
padre y porque no puedo soportar que se me vuelva a partir el corazón.
—Joder —suspira, y sé que se está pasando las manos por el pelo—. Ya sé que no. No es eso lo que
quería decir. Estoy preocupado por ti.
Cierro los ojos y oigo truenos en la distancia. ¿Que se preocupa por mí? Si se preocupara tanto por
mí, no debería haberme enviado de vuelta a Estados Unidos sola. Ojalá nunca hubiera vuelto a casa; ojalá
me hubiera sucedido algo en el viaje de regreso… para que ahora fuera él quien tuviera que enfrentarse a
mi pérdida.
Aunque, bien pensado, él probablemente no se molestaría en afrontarla. Estaría demasiado ocupado
colocándose. Ni siquiera se enteraría.
—No eres tú misma, nena.
Empiezo a temblar al oír el maldito apelativo cariñoso con el que siempre se dirigía a mí.
—Necesitas hablar de esto, de tu padre. Hará que te sientas mejor. —Habla demasiado alto, y la
lluvia cae con fuerza sobre el viejo tejado. Ojalá se derrumbara y dejara que la tormenta exterior me
arrastrara.
¿Quién es la persona que está aquí sentada conmigo? No lo conozco, y no sabe de qué está hablando.
¿Debería hablar sobre mi padre? ¿Quién demonios es él para venir aquí y actuar como si se preocupara
por mí, como si pudiera ayudarme? No necesito ayuda. Necesito silencio.
—No quiero que estés aquí —digo.
—Sí que quieres. Sólo estás furiosa conmigo porque he sido un gilipollas y la he cagado.
El dolor que debería sentir no está. No siento nada. Ni siquiera cuando las imágenes de su mano sobre
mi muslo siempre que íbamos en su coche, de sus labios deslizándose suavemente por los míos, y de mis
dedos hundiéndose en su espesa melena invaden mi mente. Nada.
No siento nada cuando los recuerdos agradables dan paso al de su puño golpeando la pared de yeso y
al de esa chica con su camiseta puesta. Se acostó con ella hace tan sólo unos días. Nada. No siento nada,
y es agradable dejar de sentir por fin, poder controlar mis emociones. Mientras miro la pared, me doy
cuenta de que no tengo que sentir nada que no quiera sentir. Puedo olvidarme de todo y no permitir jamás
que los recuerdos vuelvan a destrozarme.
—No lo estoy. —No explico mis palabras, y él intenta tocarme de nuevo.
No me aparto. Me muerdo la mejilla y quiero volver a gritar, pero no deseo darle esa satisfacción. La
inmensa calma que transmiten sus dedos a los míos demuestra lo débil que soy, justo después de haberme
sumido en un estado de perfecta insensibilidad.
—Siento lo de Richard, sé que…
—No. —Aparto la mano—. No tienes derecho a hacer esto. No tienes derecho a venir aquí y fingir