Chapters (2)
duele la cabeza, tengo la boca seca y estoy sola en el dormitorio. Las zapatillas de Noah están en el suelo
y, tras un momento de tranquila confusión, el peso de las últimas veinte horas me arrebata el aliento y
entierro el rostro entre las manos.
Ha estado aquí. Él ha estado aquí, pero Noah y mi madre lo…
—Tessa —dice su voz, sacándome de golpe de mi ensimismamiento.
Quiero fingir que se trata de un fantasma, pero sé que no lo es. Siento su presencia. Me niego a
mirarlo cuando oigo que entra en la habitación. «¿Por qué ha venido? ¿Qué le hace pensar que puede
librarse de mí y volver conmigo cuando le apetece?» Eso no va a volver a pasar. Ya los he perdido a él y
a mi padre, y no necesito que se me restrieguen ninguna de esas dos pérdidas en los morros en estos
momentos.
—Vete —digo.
El sol desaparece, escondido tras las nubes. Ni siquiera el astro rey quiere estar cerca de él.
Cuando siento cómo la cama cede bajo su peso, me mantengo firme e intento ocultar el escalofrío que
recorre mi cuerpo.
—Bebe un poco de agua. —Presiona un vaso frío contra mi mano, pero yo lo aparto de un golpe.
Ni siquiera me inmuto cuando lo oigo caer al suelo.
—Tess, mírame. —Me toca. Siento sus manos frías, casi extrañas, y me aparto.
Por mucho que quiera acurrucarme en su regazo y dejar que me consuele, no lo hago. Y no lo haré.
Se acabó. Incluso en mi estado mental actual, sé que no volveré a dejar que entre en mi vida nunca más.
No debo hacerlo, y no lo haré.
—Toma. —Hardin me pasa otro vaso de agua de la mesilla de noche. Éste no está tan frío.
Lo cojo por acto reflejo. No sé por qué, pero su nombre resuena en mi mente. No quería oír su
nombre, no en mi propia cabeza, ése es el único lugar en el que estoy a salvo de él.
—Bebe un poco de agua —me ordena con suavidad.
Sin decir nada, me llevo el vaso a los labios. No tengo energías para negarme a beberme el agua sólo
por llevarle la contraria, y tengo una sed tremenda. Me termino el vaso entero en cuestión de segundos,
sin apartar ni un momento la vista de la pared.
—Sé que estás enfadada conmigo, pero quiero estar aquí para ti —miente.
Todo lo que dice es una mentira; siempre lo ha sido y siempre lo será. Permanezco callada y un leve
resoplido escapa de mis labios ante su declaración.
—El modo en que reaccionaste cuando me viste anoche… —empieza.
Siento que me está observando, pero me niego a mirarlo.
—El modo en que gritabas… Tessa, jamás había sentido tanto dolor…
—Basta —lo interrumpo bruscamente.
Mi voz no parece la mía, y empiezo a preguntarme si de verdad estoy despierta o si esto no es más
que otra pesadilla.