Chapters (2)
El karma sigue riéndose de mí y, fiel a su reputación de hijo de puta, continúa burlándose cuando
saco mi móvil del bolsillo del pantalón y veo el nombre de Landon en la pantalla. Decido ignorar la
llamada y vuelvo a guardar el teléfono.
Menudo puto lío he montado.
CAPÍTULO 21
Tessa
—¿Cuánto tiempo estará así? —le pregunta Landon a alguien en alguna parte.
Todo el mundo se comporta como si yo no los estuviera oyendo, como si no me hallara presente,
pero no me importa. No quiero permanevcer aquí, por lo que es agradable estar presente pero sentirme
invisible al mismo tiempo.
—No lo sé. Está en estado de shock, cielo —responde la dulce voz de Karen a su hijo.
«¿En estado de shock? No estoy en estado de shock.»
—Debería haber subido con ella a ese apartamento… —dice Landon entre sollozos.
Si pudiera apartar la vista de la pared de color crema del salón de los Scott, sé que lo vería en los
brazos de su madre.
—Estuvo allí sola con su cuerpo durante casi una hora. Creía que sólo estaba recogiendo sus cosas, y
puede que despidiéndose de alguna manera, ¡pero dejé que se quedara una hora allí sentada con su
cadáver!
Landon no para de llorar, y debería consolarlo, sé que debería, y lo haría si pudiera.
—Ay, Landon. —Karen también está llorando.
Todo el mundo parece estar llorando menos yo. ¿Qué me pasa?
—No es culpa tuya. No sabías que él estaba allí. No tenías modo alguno de saber que había dejado el
programa de rehabilitación.
En algún momento durante los susurros y los compasivos intentos de hacer que me mueva de mi sitio
en el suelo, el sol ha desaparecido y los intentos se vuelven menos frecuentes, hasta que por fin cesan por
completo y me quedo sola en el inmenso salón, con las rodillas abrazadas con fuerza contra el pecho y sin
apartar la vista ni por un momento de la pared.
A través de las voces de los paramédicos y de la policía, he sabido que mi padre estaba,
evidentemente, muerto. Lo supe en cuanto lo vi, en cuanto lo toqué, pero ellos me lo han confirmado. Lo
han hecho oficial. Murió por su propia mano, clavándose esa aguja en la vena. Los paquetes de heroína
que encontraron en los bolsillos de sus vaqueros eran toda una declaración de intenciones para el fin de
semana. Su rostro estaba tan pálido que parecía más una máscara que un semblante humano. Estaba solo
en el apartamento cuando sucedió, y llevaba horas muerto cuando me tropecé con su cuerpo. Su vida se
esfumaba mientras la heroína se filtraba a través de la jeringuilla, condenando aún más ese infierno
disfrazado de apartamento.