conseguirá hacerme más daño.
—¿Sabes cómo está mi padre? —le pregunto a Landon mientras comemos.

—Ken llamó al centro el sábado, y le dijeron que Richard aún se está adaptando. Los primeros días
siempre son los peores. —Landon alarga la mano para robarme unas patatas fritas del plato.
—¿Sabes cuándo podré ir a visitarlo?
Si lo único que me queda es mi padre, al que hacía años que no veía hasta hace un mes, y Landon,
quiero aferrarme a ellos todo lo que pueda.
—No lo sé con seguridad, pero lo preguntaré cuando volvamos a casa. —Landon me mira. Yo cojo
mi teléfono y me lo llevo al pecho sin pensar. Los ojos de mi amigo se llenan de compasión—. Sé que
sólo ha pasado un día, pero ¿has pensado en la posibilidad de trasladarte a Nueva York? —dice con
tiento.
—Sí, un poco.
Estoy esperando a hablar con Kimberly y Christian en persona para tomar la decisión. He sabido de
ella esta mañana, y me ha dicho que volverán de Inglaterra el jueves. Todavía no entiendo cómo es
posible que aún sea sólo martes. Tengo la sensación de que ha pasado mucho más que dos días desde que
me fui de Londres.
Mi mente vuelve a él, y me pregunto qué estará haciendo… o con quién estará. ¿Estará tocando a esa
chica en estos momentos? ¿Llevará ella puesta su camiseta otra vez? ¿Por qué me torturo pensando en
él? Lo he estado evitando, y ahora puedo ver sus ojos verdes inyectados en sangre, y noto cómo las
puntas de sus dedos acarician mi mejilla.
Sentí una mezcla de dolor y alivio cuando encontré una camiseta negra sucia mientras hurgaba en mi
maleta en el aeropuerto de Chicago O’Hare. Estaba buscando el cargador de mi móvil y me encontré con
su último golpe. No fui capaz, en todas las veces que lo intenté, de tirarla a la papelera más cercana. No
pude hacerlo. De modo que volví a meterla en la bolsa y la enterré debajo de mi ropa.
Quería cortar por lo sano, pero me estoy dando un respiro, teniendo en cuenta lo duro que es todo
esto. Mi mundo entero se ha desmoronado, y me he quedado sola para ordenar los fragmentos…
«No.» En el avión decidí que no cedería ante esos pensamientos, y no voy a hacerlo. No me llevan a
ninguna parte. La autocompasión sólo empeorará las cosas.
—Me inclino más por Nueva York, pero necesito un poco más de tiempo para decidirme —le digo a
Landon.
—Bien. —Su sonrisa es contagiosa—. Nos iríamos dentro de tres semanas, cuando acabe el
trimestre.
—Eso espero —suspiro, desesperada por que pase el tiempo.
Un minuto, una hora, un día, una semana, un mes…, cualquier período de tiempo que pase, por
mínimo que sea, es algo positivo para mí en estos momentos.
Y eso es lo que sucede, que el tiempo pasa, y, de algún modo, avanzo con él. El problema es que