Kimberly. No digo nada. No tengo nada que decir.
—Y ¿bien? —pregunta Tessa con suavidad.
—Y ¿bien, qué?
—¿No estás ni siquiera mínimamente preocupado por tu padre? —Después, al ver mi mirada asesina,
añade—: Quiero decir, por Christian.
«Está herido por mi culpa.»
—No debería haberse presentado allí —replico.
Tessa parece horrorizada ante mi indiferencia.
—Hardin. Ese hombre fue allí para ayudarme, y para ayudarte a ti.
Al intuir el comienzo de un discursito, la interrumpo:
—Tessa, ya sé que…
Pero ella me sorprende levantando una mano para hacerme callar.
—No he terminado. Por no hablar de que ha cargado con las culpas de un incendio que tú has
provocado y que está herido. Te quiero, y sé que ahora mismo lo odias, pero te conozco, conozco al
verdadero Hardin, así que no te quedes ahí sentado fingiendo que no te importa una mierda lo que le
pase, porque sé perfectamente que no es así.
Una tos violenta finaliza su furioso discurso, y le acerco la botella de agua a la boca.
Me tomo un instante para rumiar sus palabras mientras su tos se calma. Tiene razón, por supuesto
que la tiene, pero no estoy preparado para enfrentarme a ninguna de las cosas que acaba de mencionar.
Joder, no estoy preparado para admitir que ha hecho algo por mí, no después de todos estos años. No
estoy preparado para que, de repente, se comporte como un padre conmigo. Joder, ni hablar. No quiero
que nadie, y menos él, piense que esto de alguna manera compensa la balanza, que de algún modo
olvidaré toda la mierda que se perdió, todas las noches que me pasé oyendo cómo mis padres se gritaban,
todas las veces que subí la escalera corriendo al oír el sonido de la voz ebria de mi padre, y el hecho de
que él lo sabía y no me lo dijo en todo ese tiempo.
Y una mierda. Esto no compensa nada de todo eso, y nunca lo hará.
—¿Crees que voy a perdonarlo por una quemadura de nada en la pierna y porque haya decidido
autoinculparse? —me paso las manos por el pelo—. ¡¿Esperas que lo perdone por haberme mentido
durante veintiún putos años?! —pregunto gritando mucho más de lo que pretendía.
—¡No, por supuesto que no! —dice ella, levantando también la voz. Me preocupa que se le rompa
alguna cuerda vocal o algo, pero Tessa continúa—: Pero me niego a dejar que le quites importancia como
si esto fuese una minucia. Va a ir a la cárcel por ti, y actúas como si ni siquiera te importara su estado de
salud. Estuviera o no presente, te mintiera o no, sea tu padre o no, te quiere, y anoche te salvó el culo.
«No me lo puedo creer…»
—Joder, ¿de qué lado estás tú?
—¡No hay ningún lado! —grita, y su voz resuena en el reducido espacio y no ayuda en absoluto a mi
dolor de cabeza—. Todo el mundo está de tu lado, Hardin. Sé que tienes la sensación de estar solo contra