Chapters (2)
tatuajes del brazo. Era alucinante cómo se habían estropeado con los años.
—Tengo diecisiete años. Es el viaje de fin de curso. ¡El año pasado, el tío Landon dejó que Addy
fuera! —gritó mi preciosa hija.
Tenía el pelo liso y rubio y le colgaba por los hombros. Se movía cuando hablaba. Sus ojos verdes
eran intensos y seguía defendiendo su causa y diciendo que soy el peor padre del mundo, bla-bla-bla.
—¡No es justo! ¡Tengo una media de sobresaliente, y dijiste…!
—Ya basta, cariño. —Le pasé el desayuno por encima de la isleta y se quedó mirando los huevos
como si ellos también tuvieran la culpa de que yo le estuviera arruinando la vida—. Lo siento, pero no vas
a ir. A menos que accedas a que te acompañe de carabina.
—No, de eso ni hablar. —Meneó la cabeza con decisión—. Ni lo sueñes.
—Entonces olvídate del viaje.
Se fue dando zancadas y a los pocos segundos Tessa vino hacia mí, con Emery detrás.
«Maldita sea.»
—Hardin, ya lo hemos hablado. Se va de viaje. Ya se lo hemos pagado —me recordó Tessa delante
de nuestra hija.
Sabía que era su manera de enseñarme quién mandaba. Teníamos una regla, sólo una regla en nuestra
casa: nada de peleas delante de los niños. Mis hijos nunca iban a verme levantándole la voz a su madre.
Nunca.
Lo que no significaba que Tessa no me sacara de mis casillas. Era cabezota e insolente, unos rasgos
encantadores que no habían hecho más que acentuarse con la edad.
Auden entró entonces en la cocina con la mochila a cuestas y los auriculares puestos. Estaba
obsesionado con la música y el arte, y eso me encantaba.
—Ahí está mi hijo favorito —dije.
Tessa y Emery resoplaron indignadas y me lanzaban miradas asesinas. Me eché a reír y Auden asintió
con la cabeza, el saludo oficial de todo adolescente que se precie. ¿Qué puedo decir? Había empezado
muy pronto con el sarcasmo, exactamente igual que yo.
Auden besó a su madre en la mejilla y a continuación cogió una manzana del frutero. Tessa sonrió y
se le dulcificó la mirada. Auden era muy cariñoso, mientras que Emery a todas horas soltaba
impertinencias. Él siempre se mostraba paciente y nunca decía una palabra más alta que otra, mientras
que Emery era testaruda y tenía una opinión para todo. Ninguno de los dos era mejor que el otro,
simplemente eran diferentes del mejor modo posible. Sorprendentemente, se llevaban muy bien. Emery
pasaba buena parte de su tiempo libre con su hermano pequeño, lo llevaba a los ensayos del grupo e iba a
sus exposiciones.
—Decidido. ¡Me lo voy a pasar bomba! —Emery comenzó a dar palmas y se fue brincando hacia la
puerta principal.