Chapters (2)
peinado Hardin antes de ir al colegio para que yo pudiera ir al médico.
—¿Emery? —la llamé al oírla dar un portazo en su habitación.
El hecho de que Landon trabajara en el colegio al que iban Addy y Emery me hacía la vida mucho
más fácil, sobre todo cuando tenía tanta faena.
—¡Déjame en paz! —me gritó.
Me levanté y, al hacerlo, mi barriga tropezó con la encimera. Hardin salió de nuestro dormitorio con la
camisa por fuera y los vaqueros negros colgándole de las caderas.
—¿Qué le pasa? —preguntó.
Me encogí de hombros. Nuestra pequeña Emery tenía el aspecto dulce de su madre pero la actitud de
su padre. Era una combinación que hacía nuestras vidas muy interesantes.
Hardin se echó a reír suavemente al oír gritar a la niña:
—¡Os estoy oyendo!
Con seis años ya era un torbellino.
—Hablaré con ella —dijo echando a andar de nuevo hacia el dormitorio.
Volvió con una camiseta negra en la mano. Ver cómo se la ponía me hizo recordar al chico que había
conocido en mi primer año de universidad. Cuando llamó a la puerta del cuarto de Emery, ella refunfuñó
y protestó, pero Hardin entró de todas maneras.
Cerró la puerta tras de sí y me acerqué y pegué la oreja.
—¿Qué te pasa, pequeñaja? —resonó la voz de él en la habitación.
Emery era peleona pero adoraba a Hardin, y a mí me encantaba verlos juntos. Era un padre muy
paciente y divertido.
Me llevé la mano al vientre y me lo acaricié mientras le susurraba al pequeñín que llevaba dentro:
—Vas a quererme más a mí que a tu papá.
Hardin ya tenía a Emery. Auden era mío. Se lo decía a Hardin a menudo, pero él se limitaba a reírse
y a decirme que agobiaba demasiado a Emery y que por eso lo prefería a él.
—Addy es tonta —resopló mi pequeña Hardin en miniatura. Me la imaginaba dando vueltas por la
habitación, apartándose el pelo rubio de la frente, igual que su padre.
—¿Ah, sí? ¿Y eso? —Hardin lo decía con sarcasmo, pero no creo que Emery lo pillara.
—Porque lo es. Ya no quiero ser su amiga.
—Bueno, nena, es de la familia. No tienes más remedio que quererla. —Seguro que Hardin estaba
sonriendo, disfrutando del mundo de emociones de una niña de seis años.
—¿No puedo tener otra familia?
—No. —Soltó una carcajada y tuve que taparme la boca para que no me oyeran reírme a mí—. Yo
también quería otra familia cuando era más joven, pero las cosas no son así. Deberías intentar ser feliz
con la familia que te ha tocado. Si tuvieras otra, tendrías una mamá y un papá distintos y…
—¡No! —A Emery le gustaba tan poco la idea que no lo dejó ni terminar.
—¿Ves? —dijo Hardin—. Tienes que aprender a aceptar a Addy, aunque a veces sea una tonta, igual
que mamá acepta que papá a veces sea tonto.
—¿Tú también eres tonto? —preguntó su pequeña vocecita.