Chapters (2)
vida, salvo que ya no quería trabajar en el sector editorial. Sí, Theresa Young, la que tenía planificado
hasta el más mínimo detalle de su futuro, había cambiado de opinión a mitad de carrera.
Todo empezó cuando la prometida de Landon se negó a pagarle a un organizador de bodas. Estaba
empeñada en no contratar uno, a pesar de que no sabía ni por dónde empezar. Landon la ayudó, fue el
novio perfecto. Se quedaba hasta las tantas mirando revistas, faltaba a clase para probar diez tipos
distintos de tarta dos veces. Me encantó la sensación de estar al mando de un día que es tan importante
para tanta gente. Era mi especialidad: organizar y hacer algo para los demás.
Durante la ceremonia no paraba de pensar que me gustaría poder hacer algo así más a menudo, por
afición, pero pasaron los meses y me encontré yendo a exposiciones sobre bodas y, casi sin darme cuenta,
estaba organizando también la de Kimberly y Christian.
Conservé mi trabajo en Vance en Nueva York porque necesitaba el dinero. Hardin se vino a vivir
conmigo y me negué a que me mantuviera mientras decidía qué iba a hacer con mi vida porque, aunque
me sentía muy orgullosa de mis estudios, ya no quería trabajar en ese campo. Siempre me gustará leer,
los libros ocupan un lugar muy especial en mi corazón, pero había cambiado de opinión. Así de sencillo.
Hardin disfrutó de lo lindo restregándomelo. Siempre había estado segura de a qué quería dedicarme.
Pero con el paso de los años, a medida que iba madurando, me di cuenta de que no sabía quién era en el
momento en que me había matriculado en la WCU. ¿Cómo se le puede pedir a alguien que escoja lo que
quiere hacer el resto de su vida cuando apenas está empezando a vivir?
Landon ya tenía trabajo esperándolo: maestro de primaria en un colegio público de Brooklyn. Hardin,
un autor superventas del New York Times a la tierna edad de veinticinco años, ya tenía cuatro libros
publicados, y yo…, en fin, todavía estaba intentando encontrar mi camino, pero eso no me preocupaba.
No sentía la prisa y el agobio de siempre. Quería tomarme mi tiempo y asegurarme de que todas mis
decisiones iban a hacerme feliz. Por primera vez en mi vida, estaba anteponiendo mi felicidad a la de los
demás, y era una sensación fantástica.
Contemplé mi imagen en el espejo. Me había preguntado muchas veces, durante los últimos cuatro
años, si iba a terminar la universidad. Y, mira, ya era una graduada universitaria. Hardin me aplaudía y mi
madre lloraba. Incluso se sentaron juntos.
Mi madre entró en el baño y se colocó a mi lado.
—Estoy muy orgullosa de ti, Tessa —me dijo.
Llevaba un vestido de noche que no era precisamente apropiado para una ceremonia de graduación,
pero quería impresionar al personal, como siempre. Llevaba el pelo rubio rizado y con la cantidad de laca