Chapters (2)
—Curiosidad. Estaba pensando que no vas a tener la boda con la que sueñan todas las mujeres. No
habrá flores ni nada.
Me dio una bolsa de palomitas dulces naranja chillón. Un viejo pasó entonces junto a nosotros y le
sonrió a Tessa. Sus ojos se encontraron con los míos y apartó la vista rápidamente.
—¿Flores? ¿En serio? —me preguntó ella poniendo los ojos en blanco mientras echaba a andar,
ignorándome al ver que yo también los ponía.
La seguí y estuve a punto de tropezar con un niño de paso vacilante con unas deportivas con luces
que iba de la mano de su madre.
—¿Qué hay de Landon? ¿Y de tu madre y David? —insistí—. ¿No quieres que estén presentes?
Se volvió hacia mí y pude ver que Tessa pensaba que sería diferente. Durante el trayecto, nos cegaba
tanto la emoción de haber decidido casarnos en Las Vegas que los dos nos olvidamos de la realidad.
—Ay… —suspiró y se me quedó mirando fijamente mientras me acercaba.
Al llegar a la caja registradora supe lo que estaba pensando: Landon y su madre tenían que estar
presentes en su boda. Eran imprescindibles. Y Karen, a Karen se le partiría el corazón si se quedara sin
ver cómo Tessa se convertía en mi mujer.
Pagamos la comida basura y la cafeína. Bueno, de hecho, ella insistió en pagar y yo la dejé.
—¿Todavía quieres hacerlo? Dime la verdad, nena. Podemos esperar —le aseguré mientras me
abrochaba el cinturón de seguridad.
Abrió la bolsa de palomitas de maíz naranja chillón y se echó una a la boca.
—Sí, quiero —insistió.
Pero no me parecía bien. Sabía que deseaba casarse conmigo y sabía que yo deseaba pasar el resto
de mi vida con ella, pero no quería que empezara así. Quería que nuestras familias estuvieran allí. Quería
que mi hermano y la pequeña Abby formaran parte de ese momento, que caminaran hacia el altar
lanzando flores y arroz y haciendo todas las chorradas que la gente les hace hacer a los más pequeños en
las bodas. Vi el modo en que se le iluminaba la cara mientras me contaba orgullosa cómo ayudó a
organizar la boda de Landon.
Quería que todo fuera perfecto para mi Tessa, así que cuando, media hora después, se quedó
dormida, di media vuelta y deshice el camino hacia la casa de Ken. Cuando se despertó, sorprendida pero
sin poner el grito en el cielo, se desabrochó el cinturón, se encaramó en mi regazo y me besó mientras las
lágrimas le rodaban por las mejillas.
—Dios, cuánto te quiero, Hardin —me dijo pegada a mi cuello.
Permanecimos una hora en el coche, con ella sentada en mi regazo. Cuando le dije que quería que
Smith tirara arroz en nuestra boda, se echó a reír y comentó que seguramente lo haría con mucha
precisión, grano a grano.
Dos años después
Tessa
El día de mi graduación estaba muy orgullosa de mí misma. Estaba feliz con todos los aspectos de mi