Chapters (2)
dura. Ha pasado tanto tiempo, y ella se acopla tan bien a mí… Su cuerpo reclama el mío, y me posee por
completo.
—Te quiero —dice mientras se corre con los dientes apretados, y se pierde conmigo, permitiéndome
encontrarla.
El orgasmo de Tessa parece interminable, y, joder, me encanta. Su cuerpo se queda inerte, inclinado
hacia mí, y apoya la cabeza sobre mi pecho mientras recupera el aliento.
—He oído eso, ¿sabes? —Beso su frente húmeda de sudor y ella esboza una sonrisa delirante.
—Somos un desastre —susurra, y levanta la cabeza para mirarme a los ojos.
—Un desastre perfectamente caótico e innegable.
—No vayas de superescritor conmigo —bromea sin aliento.
—No te alejes de mí. Sé que tú también me has echado de menos.
—Sí… —Me rodea la cintura con los brazos y yo le aparto el pelo de la frente.
Me siento feliz. Estoy que no quepo en mí de gozo de ver que está aquí conmigo, después de todo
este tiempo, en mis brazos, sonriendo, bromeando y riendo, y no pienso arruinar este momento. He
aprendido a las malas que la vida no tiene por qué ser una batalla. A veces simplemente naces con una
mala estrella, y otras veces la vas cagando por el camino, pero siempre hay esperanza.
Siempre hay otro día después, siempre hay un modo de compensar las mierdas que has hecho y de
recompensar a la gente a la que has herido, y siempre hay alguien que te quiere, incluso cuando te sientes
completamente solo y estás flotando a la deriva, esperando la siguiente decepción. Siempre hay algo
mejor que está por venir.
Cuesta verlo, pero está ahí. Tessa estaba ahí, bajo mis gilipolleces y mi odio hacia mí mismo. Tessa
estaba ahí bajo mi adicción, Tessa estaba ahí bajo mi autocompasión y mis malas decisiones. Estaba ahí
cuando salí de todo ello con mucho esfuerzo; me cogió de la mano durante todo el puto camino, e incluso
después de dejarme seguía estando ahí, ayudándome a superarlo.
Nunca perdí la esperanza porque Tessa es mi esperanza.
Siempre lo ha sido y siempre lo será.
—¿Te quedas conmigo esta noche? Podemos irnos ya. Por favor, quédate conmigo —le ruego.
Ella se incorpora y se recoloca el pecho en su vestido mientras me mira. Se le ha corrido el maquillaje
y tiene las mejillas coloradas.
—¿Puedo decir algo? —repone.
—¿Desde cuándo tienes que preguntar? —Toco la punta de su nariz con la yema de mi dedo índice.
—Cierto. —Sonríe—. Odio que no te esforzaras más.
—Lo hice, pero…
Levanta un dedo para hacerme callar.
—Odio que no te esforzaras más, pero es injusto por mi parte incluso que lo diga, porque ambos
sabemos que yo me alejé de ti. Seguí presionando y presionando, esperando demasiado de ti. Estaba
enfadada por lo del libro y por toda esa atención que no quería, y dejé que eso dominara mi mente.
Sentía que no podía perdonarte por lo que pudieran llegar a opinar los demás, pero ahora estoy furiosa