Chapters (2)
conmigo misma por haber escuchado siquiera sus opiniones. Me da igual lo que la gente diga de nosotros,
o de mí. Sólo me importa lo que opinen las personas que quiero, y ellos me quieren y me apoyan. Lo
único que quería decir es que siento haber escuchado las voces que no tenían lugar en mi cabeza.
Me coloco delante del lavabo, callado. Tessa sigue sentada delante de mí. No me esperaba esto. No
esperaba este giro radical. He venido a esta boda confiado en que al menos me regalara una sonrisa.
—No sé qué decir.
—¿Que me perdonas? —susurra nerviosa.
—Por supuesto que te perdono. —Me río de ella. ¿Está loca? Por supuesto que la perdono—. ¿Me
perdonas tú a mí? ¿Por todo? ¿O por casi todo?
—Sí —asiente, y me coge de la mano.
—La verdad es que no sé qué decir. —Me paso la mano por el pelo.
—¿Qué tal si me dices que aún quieres casarte conmigo? —Tiene los ojos abiertos como platos, y los
míos parecen estar a punto de salirse de las órbitas.
—¿Qué?
Se sonroja.
—Ya me has oído.
—¿Que me case contigo? ¡Si me odiabas hace tan sólo diez minutos! —Esta mujer me va a matar.
—En realidad, hace diez minutos estábamos haciéndolo sobre este mismo lavabo.
—¿Lo dices en serio? ¿Quieres casarte conmigo? —No puedo creer que me esté diciendo esto. Es
imposible que lo esté diciendo—. ¿Has estado bebiendo? —Intento recordar si he notado el sabor del
alcohol en su lengua.
—No. Me he tomado una copa de champán hace más de una hora. No estoy borracha. Sólo estoy
cansada de luchar contra esto. Somos algo inevitable, ¿recuerdas? —se mofa, usando un horrible acento
británico.
La beso en la boca para silenciarla.
—Somos la pareja menos romántica del universo; lo sabes, ¿no? —Acaricio sus suaves labios con la
lengua.
—«El romanticismo está sobrevalorado, ahora lo que se lleva es el realismo» —dice citando una frase
que había leído en mi última novela.
La amo. Joder, amo a esta mujer con todas mis fuerzas.
—¿De verdad te casarás conmigo?
—Ni hoy ni nada de eso, pero sí, claro, lo pensaré —dice. Baja del mueble del lavabo y se arregla el
vestido.
—Sé que lo harás. —Sonrío.
Me arreglo a mi vez el esmoquin e intento entender lo que acaba de suceder en estos aseos. Tessa
está, en cierto modo, accediendo a casarse conmigo. «¡Joder!»
Se encoge de hombros juguetona.
—En Las Vegas —digo—. Vayámonos a Las Vegas ahora mismo. —Rebusco en un bolsillo y saco
mis llaves.
—Ni hablar; no pienso casarme en Las Vegas. Estás completamente loco.
—Ambos lo estamos; venga, ¿qué más da?
—Ni hablar, Hardin.
—¿Por qué no? —suplico, y atrapo su rostro entre las palmas de mis manos.
—Las Vegas está a quince horas en coche. —Me mira y después mira su propio reflejo en el espejo.
—Y ¿no te parece tiempo suficiente como para pensarlo? —bromeo, y aparto las sillas de la puerta.