Chapters (2)
Agacha la cabeza intentando ocultar su rostro entre los largos rizos rubios.
—No te escondas de mí —digo en voz baja.
Me invade la nostalgia al pronunciar esas palabras tan familiares, y sé por su expresión que ella siente
exactamente lo mismo que yo.
Se apresura a cambiar de tema.
—¿Cuándo se publica tu siguiente libro?
—El mes que viene. ¿Lo has leído? Te envié una de las primeras copias.
—Sí, lo he leído. —Aprovecho la ocasión para estrecharla contra mi pecho—. Los he leído todos,
¿recuerdas?
—Y ¿qué opinas?
La canción termina y comienza otra. Una voz femenina inunda la sala, y nos quedamos mirándonos a
los ojos.
—Vaya —dice Tessa riéndose suavemente—. ¿Cómo no iban a poner esta canción?
Le aparto un mechón rebelde de los ojos y ella traga saliva y parpadea despacio.
—Hardin, me alegro tanto por ti… Eres un autor increíble, un gran activista de la superación a la
adicción al alcohol. Vi la entrevista que hiciste para The Times sobre el maltrato infantil. —Sus ojos se
inundan, y estoy convencido de que, como derrame esas lágrimas, perderé completamente la compostura.
—No es para tanto —digo quitándole importancia. Me encanta que se sienta orgullosa de mí, pero me
siento culpable por lo que le causó a ella—. No esperaba nada de esto, y lo sabes. No pretendía
avergonzarte públicamente escribiendo ese libro. —Le he dicho esto una infinidad de veces, y siempre
tiene la misma respuesta positiva que darme.
—No te preocupes. —Me sonríe—. No fue para tanto, y has ayudado a mucha gente; a muchas
personas les encantan tus libros, yo incluida. —Tessa se ruboriza, y yo también.
—Ésta debería ser nuestra boda. —Las palabras salen solas de mi boca.
Sus pies dejan de moverse, y parte del brillo desaparece de su hermosa piel.
—Hardin. —Me fulmina con la mirada.
—Theresa —la provoco.
No estoy de broma, y ella lo sabe.
—Creía que esa última página te haría cambiar de idea. En serio que lo pensaba.
—¿Podéis prestarme atención, por favor? —dice entonces la hermana de la novia a través del
micrófono.
Esa mujer es irritante de cojones. Está en el escenario, en el centro de la sala, pero apenas puedo
verla por encima de la mesa que tiene delante de lo bajita que es.
—Tengo que prepararme para mi discurso —refunfuño, y me paso la mano por el pelo.
—¿Vas a dar un discurso? —Tessa me sigue hasta la mesa que me han asignado para el banquete.
Debe de haberse olvidado del médico, y he de decir que no me importa lo más mínimo. De hecho,
me encanta que así sea.
—Sí —asiento—. Soy el padrino, ¿recuerdas?
—Lo sé. —Me da un empujoncito en el hombro y yo la agarro de la muñeca. Pienso en llevármela a
la boca y plantarle un beso allí, pero me detengo sorprendido al ver un pequeño círculo negro tatuado en
ella.
—¿Qué coño es esto? —Acerco su muñeca más a mi cara.