Chapters (2)
—Por supuesto. —Le sonríe al crío y como se llame se pone de pie y la ayuda a levantarse, el cabrón
considerado de mierda.
Observo cómo Tessa sigue a Smith hasta la pista de baile, y doy gracias por el amor de Landon y su
nueva esposa por las canciones lentas y cursis que están sonando. Smith lo está pasando fatal, y Tessa
parece nerviosa cuando empiezan a bailar.
—¿Qué tal te va? —me pregunta el médico mientras ambos miramos a la misma mujer.
—Bien, ¿y a ti? —Debería ser amable con el tipo; está saliendo con la mujer a la que amaré toda mi
vida.
—Bien, estoy en segundo año de Medicina.
—Y ¿cuántos te quedan? ¿Sólo diez más? —me río; soy lo más amable posible con un tipo que sé
que está enamorado de Tessa.
A continuación, me dirijo hacia Tessa y Smith. Ella me ve primero y se queda inmóvil cuando
nuestras miradas se encuentran.
—¿Puedo? —pregunto, tirando de la espalda de la camisa de Smith antes de que alguno de los dos
pueda negarse.
Dirijo las manos inmediatamente a su cintura y las apoyo en sus caderas. Tanto ella como yo nos
quedamos helados al sentir cómo mis dedos la tocan.
Ha pasado mucho tiempo, demasiado, desde la última vez que la tuve entre mis brazos. Vino a
Chicago hace unos meses para la boda de su amiga, pero no me invitó a que fuera su acompañante. Fue
sola, aunque quedamos después para cenar. Fue agradable; ella se tomó una copa de vino y ambos
compartimos un helado inmenso cubierto de chocolate y muchísimo caramelo líquido. Luego me pidió
que la acompañara a su hotel a tomar otra copa —vino para ella, soda para mí—, y ambos nos quedamos
dormidos después de que le hiciese el amor en el suelo de su habitación.
—Quería librarte de bailar con él, es un poco bajito. Un terrible compañero de baile —digo por fin
cuando consigo salir de mi absorción.
—Me ha dicho que lo has sobornado. —Me sonríe y sacude la cabeza.
—Pequeño granuja… —Fulmino con la mirada al traidor mientras él se sienta de nuevo a una mesa,
otra vez solo.
—Os habéis hecho muy amigos, incluso desde la última vez que os vi —dice Tessa con admiración, y
no puedo evitar ponerme colorado como un tomate.
—Sí, supongo que sí. —Me encojo de hombros.
Me aprieta los hombros con los dedos, y yo suspiro. Suspiro literalmente, y sé que me habrá oído.
—Estás bastante bien. —Mira mi boca.
Decidí volver a ponerme el piercing unos días después de verla en Chicago.
—¿«Bastante bien»? No sé si eso es algo positivo. —La acerco más a mí y ella me lo permite.
—Muy bien, muy guapo. Muy bueno. —Las últimas palabras escapan de sus labios carnosos por
accidente. Lo sé por el modo en que sus ojos se abren como platos y luego se muerde el labio inferior.
—Tú eres la mujer más sexi de toda la sala; siempre lo has sido.