Chapters (2)
Lo quiero, y no deseo hacerle daño, pero tengo que terminar con este círculo vicioso de una vez por
todas. Si no lo hago, jamás saldré de ésta con vida.
—Lo sé. —Apoya la cabeza en mis rodillas, y su cuerpo tiembla contra mí a causa de los sollozos—.
¡Lo siento! ¡Lo siento!
Está histérico, y la nada se desvanece demasiado rápido como para que pueda detenerla. No quiero
sentir esto. No quiero sentir cómo llora después de haberme prometido y ofrecido las cosas que llevaba
esperando oír hace una eternidad.
—Todo irá bien. Cuando superes esto, todo irá bien —me parece oírle decir, pero no estoy segura, y
no puedo pedirle que me lo repita, porque no soporto volver a oírlo.
Odio que pase esto. Odio el hecho de que, me haga lo que me haga, siempre encuentro el modo de
culparme por su sufrimiento.
Entonces detecto un leve movimiento en la puerta y asiento en dirección a Noah para indicarle que
estoy bien.
No estoy bien, pero no lo estoy desde hace bastante tiempo y, a diferencia de antes, no siento la
necesidad de estarlo. Noah desvía la mirada hacia la lámpara rota y parece preocupado, pero yo asiento
de nuevo y le ruego con la mirada que se marche y me deje tener este momento. Este último momento de
notar a Hardin contra mi cuerpo, de notar su cabeza en mi regazo, de memorizar los negros remolinos de
tinta de sus brazos.
—Siento no haber podido arreglarte —le digo mientras le acaricio suavemente el pelo mojado.
—Yo también —responde llorando contra mis piernas.
CAPÍTULO 31
Tessa
—Madre, ¿quién va a pagar el funeral?
No quiero parecer insensible ni grosera, pero todos mis abuelos están muertos y mis dos padres eran
hijos únicos. Sé que mi madre no puede permitírselo, y menos para mi padre, y me preocupa que haya
decidido hacerse cargo sólo para demostrar algo ante sus amigas de la iglesia.
No quiero llevar este vestido negro que ella me ha comprado, no quiero llevar estos zapatos negros de
tacón alto que seguramente tampoco puede permitirse, y sobre todo no quiero ver cómo entierran a mi
padre.
Mi madre vacila; la barra de labios se queda suspendida justo delante de su boca cuando me mira a
los ojos a través del espejo.
—No lo sé.
Me vuelvo hacia ella incrédula. Bueno…, si fuera capaz de reunir la suficiente energía como para
sentir incredulidad. Puede que sea más bien una débil curiosidad.
—¿No lo sabes? —La observo.
Tiene los ojos hinchados, lo que demuestra que se ha tomado su muerte mucho peor de lo que
admitirá jamás.
—No hablemos de dinero ahora, Theresa —me regaña, y zanja la conversación marchándose al
salón.
Asiento porque no quiero discutir con ella. Hoy no. Bastante duro será el día de por sí. Me siento
egoísta y un poco retorcida por no ser capaz de entender en qué estaría pensando cuando se clavó esa