Back Amor infinito
Chapters (2)
  1. Aplicación serie AFTER
  2. Document Outline

alimenta su fuego mientras él vuelve constantemente a tirar cubos y cubos de agua para extinguirlo.

—Hemos luchado mucho, pero ha llegado el momento de parar.

—¡No! ¡No! —Sus ojos inspeccionan la habitación, y sé lo que va a hacer antes de que lo haga.

Por eso no me sorprendo cuando la lamparita sale volando por el cuarto y se estampa contra la pared.

Ni me inmuto. Ni parpadeo. La escena me resulta demasiado familiar, y ésa es la razón por la que estoy

haciendo lo que estoy haciendo.

No puedo consolarlo, no puedo. Ni siquiera puedo consolarme a mí misma, y no confío

suficientemente en mi fuerza de voluntad como para rodearlo con los brazos y susurrarle promesas al

oído.

—Esto es lo que tú querías, ¿recuerdas? Vuelve a eso, Hardin. Recuerda por qué no me querías en tu

vida. Recuerda por qué me enviaste de vuelta a Estados Unidos sola.

—No puedo vivir sin ti; te necesito en mi vida. Te necesito en mi vida. Te necesito. En mi vida —

repite sin cesar.

—Seguiré estando en tu vida, pero de otra manera.

—¿De verdad me estás sugiriendo que seamos amigos? —escupe como si fuera veneno.

El verde de sus ojos casi ha desaparecido, sustituido por el negro conforme aumenta su furia. Antes

de que me dé tiempo a responderle, continúa:

—No podemos ser amigos después de todo. Jamás podría estar en la misma habitación que tú y no

estar contigo. Lo eres todo para mí, y ¿vas a insultarme sugiriendo que seamos amigos? No puedes estar

hablando en serio. Tú me quieres, Tessa. —Me mira a los ojos—. Sé que me quieres. Me quieres,

¿verdad?

La nada comienza a resquebrajarse, y lucho desesperadamente por aferrarme a ella. Si empiezo a

sentir esto, me vendré abajo.

—Sí —exhalo.

Se arrodilla delante de mí de nuevo.

—Te quiero, Hardin, pero no podemos seguir haciéndonos esto.

No quiero pelearme con él, y no quiero hacerle daño, pero todo esto es culpa suya. Se lo habría dado

todo. Joder, se lo di todo, y él no lo quiso. En los momentos difíciles no me quiso lo suficiente como para

vencer a sus demonios por mí. Se rindió todas y cada una de las veces.

—¿Cómo voy a sobrevivir sin ti?

Está llorando, justo delante de mí. Parpadeo para reabsorber mis propias lágrimas y me trago el nudo

de culpa que tengo en la garganta.

—No puedo. No podré. No puedes hacer esto sólo porque estés pasando por un momento de mierda.

Deja que esté ahí para ti, no me apartes.

Una vez más, mi mente se libera de mi cuerpo y me echo a reír. No es una risa divertida; es una risa

triste y rota ante lo irónico de sus palabras. Me está pidiendo justo lo que yo le pedí a él, y ni siquiera es

consciente de ello.

—Yo te he estado rogando eso mismo a ti desde que te conocí —le recuerdo con voz suave.