Back Amor infinito
Chapters (2)
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y el sonido es tan perturbador que casi accedo a todo para no tener que volver a escucharlo en mi vida—.

Cásate conmigo, Tess. Por favor, cásate conmigo, y te juro que jamás volveré a hacer nada así.

Estaremos juntos para siempre, seremos marido y mujer. Sé que eres demasiado buena para mí, y que te

mereces algo mejor, pero sé que tú y yo no somos como los demás. No somos como tus padres ni como

los míos; somos diferentes, y podemos conseguirlo, ¿vale? Escúchame sólo una vez más…

—Míranos. —Meneo la mano débilmente en el espacio que nos separa—. Mira en qué me he

convertido. Ya no quiero esta vida.

—No, no, no. —Se levanta y empieza a pasearse por la habitación—. ¡Sí la quieres! Déjame

compensártelo —me ruega, tirándose del pelo con una mano.

—Hardin, por favor, cálmate. Siento todo lo que te he hecho, y sobre todo siento haberte complicado

la vida, y siento todas las peleas y demás, pero sabes que esto no puede funcionar. Creía… —sonrío con

tristeza— creía que podríamos lograrlo. Creía que el nuestro era un amor como el de las novelas; un

amor que, por muy duras que fuesen las cosas, sobreviviría a todo y a todos y haría historia.

—¡Y sobreviviremos! —exclama.

No puedo mirarlo, porque sé lo que voy a ver.

—Ésa es la cuestión, Hardin. No quiero sobrevivir. Quiero vivir.

Mis palabras parecen haber hecho mella en él, y deja de pasearse y de tirarse del pelo.

—No puedo dejarte ir sin más. Lo sabes. Siempre vuelvo a ti. Tenías que saber que lo haría. Sabías

que acabaría volviendo de Londres y que…

—No puedo pasarme la vida esperando a que regreses a mí, y sería egoísta por mi parte querer que tú

te pasaras la tuya huyendo de mí, de nosotros —replico.

Sin embargo, estoy confundida otra vez. Estoy confundida porque no recuerdo haber pensado esto

antes; todos mis pensamientos siempre han estado centrados en Hardin, y en qué podía hacer para que

mejorara, para que se quedara. No sé de dónde salen estas ideas y estas palabras, pero no puedo pasar

por alto la determinación que siento al pronunciarlas.

—No puedo vivir sin ti —declara. Otro sentimiento que ha proclamado millones de veces, pero, a

pesar de ello, sigue haciendo todo lo que está en su mano para mantenerme alejada y cerrarse a mí.

—Sí que puedes. Serás más feliz y tendrás menos conflictos internos. Todo será más fácil, tú mismo

lo dijiste.

Hablo en serio. Será más feliz sin mí, sin nuestras constantes rupturas. Podrá centrarse en sí mismo y

en su ira hacia sus dos padres, y un día podrá ser feliz. Lo quiero lo suficiente como para desear su

felicidad, aunque no la obtenga junto a mí.

Se lleva las manos a la frente y aprieta los dientes.

—¡No!

Lo amo, siempre amaré a este hombre, pero se acabó. No puedo seguir siendo el combustible que