Chapters (2)
Lamento que haya tenido que morir tu padre para darme cuenta de lo mucho que te necesito, pero no
volveré a huir, no volveré a abandonarte, no me encerraré en mí mismo nunca más, lo juro. —La
desesperación de su tono me resulta muy familiar.
He oído ese mismo tono y esas mismas palabras demasiadas veces.
—No puedo —digo con calma—. Lo siento, Hardin, pero de verdad que no puedo.
Se me acerca presa del pánico y se postra de rodillas delante de mí, manchando la moqueta de barro.
—¿No puedes, qué? Sé que necesitarás tiempo, pero estoy dispuesto a esperar a que superes esto, a
que salgas de este estado de dolor en el que te encuentras. Estoy dispuesto a hacer lo que sea, Tessa, lo
que sea.
—No podemos, nunca pudimos. —Mi voz se torna monótona de nuevo. Supongo que la Tessa
robótica ha venido para quedarse. No tengo energía como para infundir algún tipo de emoción a mis
palabras.
—Nos casaremos… —dice desesperado.
Parece sorprendido de sus propias palabras, pero no las retira. Sus largos dedos rodean mis muñecas.
—Nos casaremos, Tessa. Me casaré contigo mañana mismo, si quieres. Me pondré un esmoquin y
todo.
Las palabras que tanto deseaba oír han salido por fin de sus labios, pero no las siento. Las he oído
claras como el agua, pero no las siento.
—No podemos —repito negando con la cabeza.
Cada vez está más desesperado.
—Tengo dinero más que de sobra para pagar una boda, Tessa, y podríamos celebrarla donde tú
quisieras. Podrás tener el vestido más caro que haya, y flores, ¡y no oirás ni una sola queja salir de mi
boca! —Está gritando, y sus palabras resuenan por la habitación.
—No se trata de eso… No puede ser.
Ojalá pudiera grabar sus palabras y su tono, casi emocionado, en mi corazón y llevármelas conmigo al
pasado. Un pasado en el que no era consciente de lo destructiva que era nuestra relación, un pasado en el
que habría dado cualquier cosa por oírlo pronunciar esas palabras.
—Entonces ¿qué es? Sé que deseas esto, Tessa; me lo has dicho infinidad de veces. —Veo la batalla
interior tras sus ojos, y ojalá pudiera hacer algo para aliviar su dolor, pero no puedo.
—No me queda nada, Hardin. No me queda nada que darte. Ya te lo has llevado todo, y lo lamento,
pero ya no queda nada. —El vacío en mi interior se intensifica y engulle todo mi ser, y nunca había
agradecido tanto no sentir nada.
Si pudiera sentir algo de todo esto, acabaría conmigo.
Me mataría, y he tomado la decisión de que quiero vivir. No me siento orgullosa de los oscuros
pensamientos que se me pasaron por la cabeza estando en ese invernadero, pero sí lo estoy de que fuesen
breves y de que los superase sola, en el suelo de una ducha fría después de que se terminara el agua
caliente.
—No quiero que me des nada. ¡Quiero darte lo que tú deseas! —Boquea como un pez que se asfixia,