Chapters (2)
—Te he traído más agua.
Coloca un vaso lleno en la pequeña mesilla de noche y se sienta en el extremo opuesto de la cama.
He ensayado un discurso en la ducha, pero ahora que lo tengo delante no recuerdo ni una palabra.
—Gracias —es lo único que se me ocurre decir.
—¿Te encuentras mejor?
Actúa con mucho tiento. Debo de parecerle tan frágil, tan débil. Yo también me siento así. Debería
sentirme derrotada y furiosa y triste y confundida y perdida. Pero el caso es que sigo sin sentir nada.
Percibo un profundo latido de nada, aunque me voy acostumbrando más a él poco a poco.
Durante cada uno de los largos minutos que he pasado en la ducha mientras el agua empezaba a salir
fría, he estado enfocando las cosas desde una nueva perspectiva. He reflexionado sobre cómo mi vida se
ha transformado en este oscuro agujero de nada absoluta, y he reflexionado en lo mucho que odio
sentirme así, y he pensado en la solución perfecta, pero ahora no soy capaz de ordenar las palabras para
formar una frase con ellas. Esto debe de ser lo que se siente cuando uno pierde la cabeza.
—Espero que sí.
«¿Espera que sí qué?»
—Que te encuentres mejor —añade respondiendo a mis pensamientos.
Detesto el modo en que parece estar tan conectado conmigo, el modo en que parece saber lo que
siento y lo que pienso cuando ni siquiera yo lo sé.
Me encojo de hombros y me concentro de nuevo en la pared.
—Sí, más o menos.
Es más fácil centrarse en la pared que en el verde brillante de sus ojos, ese verde que tanto me
aterraba perder. Recuerdo que cuando nos tumbábamos en la cama juntos, siempre esperaba poder
disfrutar de una hora, una semana o incluso un mes más de esos ojos. Rezaba para que entrara en razón
y me quisiera de manera permanente, del mismo modo que yo lo quería a él. No deseo sentir eso nunca
más, no deseo sentir esa desesperación por él. Deseo seguir así, con mi nada, tranquila y contenta, y tal
vez, algún día, pueda convertirme en otra persona, en la persona que pensaba que sería antes de empezar
la universidad. Si tengo suerte, podría volver a ser la chica que era antes de irme de casa, aunque sólo
fuera por una vez.
No obstante, esa chica hace tiempo que desapareció. Compró un billete directo al infierno, y ahí está,
ardiendo en silencio.
—Quiero que sepas que siento mucho todo lo que ha pasado, Tessa. Debería haber vuelto contigo.
No debería haberte dejado por culpa de mis problemas. Debería haber permitido que estuvieses ahí para
mí, del mismo modo que yo quiero estar aquí para ti. Ahora entiendo cómo debes de sentirte cuando
intentas ayudarme constantemente y yo no hago más que rechazarte.
—Hardin —susurro, sin saber muy bien qué decir a continuación.
—No, Tessa, deja que termine. Te prometo que esta vez será diferente. Jamás volveré a hacerlo.