Chapters (2)
últimos días.
—Es mi opinión. No entiendo por qué lo llamas si le tienes tanto odio.
No sabe cuándo cerrar la boca. Odio este sitio por no tener un hotel a menos de treinta kilómetros de
casa de la madre de Tessa.
—Porque ella no lo odia —exhalo con fastidio—. Confía en él aunque no debería, y necesita una
especie de amigo en estos momentos, ya que a mí no quiere verme.
—Y ¿qué hay de mí? ¿Y de Landon? —Noah tira de la anilla de una lata de refresco y la abre con un
fuerte sonido. Hasta su manera de abrir los refrescos me enerva.
No quiero decirle que lo que realmente me preocupa es que Tessa vuelva con él, que prefiera la
seguridad de esa relación en lugar de darme a mí otra oportunidad. Y, en cuanto a Landon, bueno, jamás
lo admitiré, pero la verdad es que necesito que en este caso sea mi amigo. No tengo ninguno, y supongo
que, en cierto modo, lo necesito. Un poco.
Mucho. Lo necesito mogollón y, a excepción de Tessa, no tengo a nadie más, y a ella apenas la tengo,
así que no puedo perderlo a él también.
—Sigo sin entenderlo. Si a él le gusta ella, ¿por qué quieres que esté cerca? Salta a la vista que eres
muy celoso, y sabes lo que es robarle la novia a otro mejor que nadie.
—Ja. Ja. —Pongo los ojos en blanco y miro por los enormes ventanales que cubren la pared delantera
de la casa.
La casa de los Porter es la más grande de esta calle, y probablemente la más grande de todo este
pueblo de mierda. No quiero que se lleve la impresión equivocada. Sigo odiándolo, sólo permito que ande
cerca de mí porque debo concederle a Tessa el espacio que necesita sin irme demasiado lejos.
—Además, ¿a ti qué te importa? ¿De repente vas a fingir ser mi amiguito? Sé que me detestas, como
yo a ti. —Me quedo observándolo, con su estúpido cárdigan y sus mocasines marrones, a los que sólo les
falta tener un penique pegado en la parte superior.
—No me importas tú; me importa Tessa —replica él—. Sólo quiero que sea feliz. Tardé mucho en
asimilar lo que había pasado entre nosotros porque me había acostumbrado a ella. Me sentía cómodo y
condicionado a seguir de ese modo, así que no podía entender por qué iba a querer ella a alguien como tú.
No lo entendía, y sigo sin hacerlo, la verdad, pero he visto lo mucho que ha cambiado desde que te
conoció. Y no en un sentido negativo, es un cambio positivo. —Me sonríe—. Menos por lo de esta
semana, obviamente.
¿Cómo puede pensar eso? Sólo le he hecho daño y la he destrozado desde que irrumpí en su vida.
—Bueno —digo revolviéndome incómodo en el sofá—, basta de estrechar lazos por hoy. Gracias por
no ser un capullo.
Me levanto y me dirijo a la cocina, donde la madre de Noah está batiendo algo. Durante mi estancia