Back The Acid House
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    El vídeo que mira Smith muestra a un hombre subiendo a una escalera diligentemente, pero mirando al mismo tiempo directamente a la cámara. Sus ojos están llenos de temor, observando a Smith fijamente. Smith siente y refleja su temor y vuelve a mirar directamente a la pantalla. Todavía mirando, el hombre se estira para coger una cuerda con un nudo corredizo que está atada a un par de vigas de pino decorativas pero resistentes colocadas en paralelo. Se coloca el nudo alrededor del cuello, lo aprieta y aparta la escalera de una patada. Smith siente cómo queda suspendido en el aire y experimenta desorientación al balancearse y sacudirse la habitación y nota un peso tensándose alrededor de su cuello, ahogándole. Da vueltas en el aire y vislumbra a la figura de la pantalla por el rabillo del ojo; pataleando, balanceándose, muriendo. Smith intenta gritar ¡CORTEN!, pero no puede articular sonido alguno. Cree que la vida humana es importante, siempre sagrada. Lo piensa, pero sus brazos no pueden alcanzar las vigas para soportar su peso ni tampoco liberar la cuerda que aprieta su cuello. Se asfixia; la cabeza le cuelga a un lado y el pis le chorrea por la entrepierna.

    La cámara está colocada encima de la pantalla de televisión; su ojo frío y mecánico lo observa todo de modo desapasionado. El aparato está puesto en RECORD. Continúa grabando mientras el cuerpo cuelga, flaccido, girando lentamente hasta llegar a la inmovilidad completa. Entonces la cinta se acaba sin decir fin, pero lo es.

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    UN ATASCO EN EL SISTEMA

    Knoxie rondaba por la puerta; con esa expresión que pide a gritos nuestra atención, cuando sabe que todo dios va a ignorarle hasta que hable. Entonces nos soltará un montón de mierda sobre cómo le ha dicho a Manderson que se meta su puto curro en el culo, cuando la verdad es que el capullo ha vuelto a cagarse por las tracas.

    «Ese cabrón de Manderson», jadeó.

    «¿Algún problema en las altas esferas?», pregunté, sin levantar la vista de mis cartas. Era una mano de mierda. Me volví para ofrecer a mi capataz toda mi atención, como empleado concienzudo. Una declaración de nulidad por parte de Knoxie me vendría de cojón, con la mierda que tengo.

    «Tenemos faena. Hay un caos en los pisos.»

    «Espera un poco», dice Lozy con nerviosismo. Evidentemente este listillo es el que más tiene que perder.

    Detectando su ansiedad, Calum tira las cartas. Yo hago lo propio.

    «El deber nos llama», se ríe Calum.

    «¡Hostia puta, tenía una buena racha, so cabrones!», se queja Lozy.